Luis María Niella


orría el año 1853... y un día 24 de Abril nace Luis María Niella, fecha en la que han coincidido los biógrafos, e incluso las crónicas contemporáneas del prelado, aunque otras aventuraron que el nacimiento, sin fecha, sucedió en 1854. Fue el primer Obispo de Corrientes.

Sobre su nombre las especulaciones no han ido menores. Luis A. tal como firmó por siempre y hasta su consagración episcopal en que lo trocó por el Santo Nombre de la Madre de Cristo, fue deducido como Angel o Antonio. El primero tiene asidero en sumar el nombre familiar repetido por generaciones con el del padre, que pese a todo lo apellidó, pero no debe olvidarse que también estaba Antonio Cabral, y posiblemente fuera este y no Angel, la traducción exacta de esa inicial. Enseguida el niño fue tomado bajo el cuidado de los Cabral Diaz Colodrero, y llevado a Corrientes, como niño mimado de la casa, poniéndoselo a buen resguardo y educación porque muy pronto pareció entenderse que estaba llamado a destino trascendente.

“Al estallar la guerra del Paraguay en 1865, llamaba la atención en la vieja iglesia matriz de Corrientes, sita donde hoy se levanta la Casa de Gobierno frente a la plaza 25 de Mayo, un niño de 12 años por la piadosa seriedad con que ayudaba el santo sacrificio de la misa i los demás oficios del culto divino. Y mientras el estruendo de la artillería atronaba en los horizontes i el resplandor de las espadas tejía las cifras de la gloria en las banderas de la patria; mientras el entusiasmo juvenil se iba tras los aparatosos arreos militares del Brasil i la febril bizarría del batallón correntino, el niño Luis María Niella tenía a mas sus libros, el humo del incienso que la pólvora, la luz del altar que el grito y el fogonazo de la batalla”.

Era la guerra de la Triple Alianza retumbando en Corrientes. El Pbro. Dr. Esteban Bajac, que fue muy luego su secretario y con quien el Obispo habrá tenido mas de una plática sobre su niñez dice al respecto: “No se dio cabal cuenta de lo que pasaba. Siguió con su incensario en las manos. Angustiada, la muchedumbre se refugiaba en los templos de la ciudad de Corrientes. Para el niño del incensario de nombre Luis María, era cosa como de profanación de los cultos de Semana Santa en la vieja Iglesia Matriz ese inusitado alboroto...”
Dice luego Bajac:

“Fue creciendo entre el redoble del parche de guerra y los gemidos de los hospitales de sangre. Tenía a los trece años concluido el estudio de lo que entonces se enseñaba y se empleo en la aduana. No era su centro. Sentía la nostalgia del Santuario: quería servir a su tierra con algo mas noble que la espada, mas fecundo que el comercio, mas serio que los triunfos sociales”.

“En 1868, con ocasión de la gira pastoral del virtuoso y gran orador Mons. José Gelabert y Crespo, la antigua iglesia matriz rebozaba de fieles. Entre ellos estaba el niño del incensario de 1865, ya jovencito de catorce años, con los ojos puestos en la mira y los oídos atentos a la palabra del ilustre obispo”.

“Y quedó decidido su porvenir”.

“En 1869 ingresó en el Colegio Seminario de la Inmaculada, de Santa Fe, que regenteaban los R. P. Jesuitas”.

Estando pupilo en el colegio jesuítico de Santa Fé, Luis A. se enteró de la revolución que sacudía otra vez a Corrientes, promovida por facciones del Partido Liberal Gobernante, tendientes a derrocar al Dr. Agustín Pedro Justo, hecho que consiguieron en jornadas de triste memoria como la del día en que se libró la Batalla del Tabaco. (13) Corrían los años de 1871-72. El Gobierno del Dr. Justo era hostigado salvajemente por razones diversas por un sector disidente del mismo Partido Liberal que lo había llevado al poder. No solo esta fuerza política, sino la sociedad, y las milicias estaban enfrentadas. Rodeóse el Gobernador de sus leales y respondió a los ataques. Entre los afectos a su gestión, estaba el padre de Luis A., Don Angel Niella Comandante Militar y Juez de Paz de Paso de los Libres quien al frente de una partida llegó hasta Santo Tomé donde hallaría la muerte.
El 2 de febrero de 1879 fue ordenado sacerdote, y el 25 de marzo del mismo año cantó su primera misa en el Santuario del Convento de Ntra. Sra. de la Merced en Corrientes.

La ordenación se realizó en la Catedral de Santa Fe imponiéndole las manos el Iltmo. Sr. Obispo del Paraná Dr. José María Gelabert y Crespo “de gloria y santa memoria en los fastos de la iglesia argentina”. Tuvo por compañero de ordenación al que con el tiempo había de ser piadosisimo deán de la Catedral de Paraná, Clementino Balcala. Enseguida que pudo marchó a Corrientes para oficiar su primera misa en el día de la Anunciación, ante la Virgen de las Mercedes, siendo padrino de altar el Pbro. Vicente Fernández y padrino de Vinajeras Don Antonio Cabral.
El mismo año de su ordenación, 1879, el Pbro. Luis A. Niella fue nombrado Capellán de Coro de la Catedral de Paraná.

“El Obispo de Paraná quería retenerlo a su lado” -escribe Bajac- “pero, a poco, notando en el joven capellán sus condiciones de apóstol le extendió sin más el título de Cura Párroco de la Ciudad de Goya”. (19) Corría el año de 1880, y volvía el joven sacerdote a su provincia.

El 15 de marzo de 1890, Monseñor Gelabert y Crespo, lo designó Párroco de Nuestra Señora del Rosario, de Santa Fe, y allá partió dejando en Goya su recuerdo imperecedero.

El polémico y apasionado sacerdote hacía una carrera meteórica. Sus acciones no escuchaban a los detractores. Monseñor Gelabert y Crespo que lo apreciaba en su inteligencia, le ofreció la Vicaría General del Obispado de Santa Fe, pero su fallecimiento impidió que el joven sacerdote asumiera el nuevo cargo.

Poco antes de dejar el Curato de Rosario, en 1897, tuvo ocasión de despedir en esa ciudad, los despojos mortales de su comprovinciano el Gral. Benjamín Virasoro, que por voluntad propia se había radicado en esa ciudad, lejos de Corrientes donde su presencia despertaba entonces pasiones.

Ese año, Niella dejó el curato rosarino para concurrir a prestar servicios como Vicario General de Monseñor Gregorio J. Romero, y mas tarde como Secretario de Cámara y Gobierno del Obispado de Paraná.

Sucedía entonces que se había producido la separación de las Diócesis de Santa Fe y Paraná, razón por la cual Luis A. Niella acompañó al Ilustrisimo Señor Obispo Monseñor Rosendo de la Lastra y Gordillo como secretario del Obispado de Paraná.

El 15 de enero de 1900, formalmente, Monseñor De la Lastra y Gordillo nombró a Niella en la Vicaría Foránea de Corrientes y el Curato de la Iglesia Matriz, cargo que asumió en fecha de su ordenación, el 2 de febrero, manteniéndose allí hasta el 4 de junio de 1911 cuando asumió el Obispado.
Siendo Vicario Foráneo y Párroco de La Matriz en Corrientes, el 27 de noviembre de 1900 tuvo que actuar como mediador en Saladas ante las disidencias de dos comisiones de las “Hijas de María” y el 31 de octubre de 1901, por autorización episcopal coronó solemnemente a la usanza de la época, a la Imagen de Ntra. Sra. del Rosario, patrona de Corrientes desde su fundación entronizada en la Matriz.

Sus faenas volvieron a escapar de los muros de la ciudad cuando el 20 de abril de 1903 viajó a Caá Catí para apaciguar los ánimos y los disturbios de algunos rebeldes obteniendo resultados satisfactorios, razones que iban sumando a su personalidad un prestigio de los grandes. Esto se manifestó en ocasión de recordarse sus bodas de plata sacerdotales, cuando el 25 de mayo de 1904, en la Iglesia Matriz se celebró la conmemoración del acontecimiento. (30)


El Hombre de Letras

Luis A. Niella fue una personalidad que enriqueció las letras correntinas desde toda perspectiva. Tempranamente se destacó por su oratoria, enseguida demostró saber escribir con fundamentos y riqueza estilística, y como periodista tampoco dejó de mostrar sus dotes, tal como lo demostró junto al Dr. Juan B. Aguirre Silva en el periódico “La Ley” de Goya, difundiendo la religión frente a lo que él consideraba constituía un ataque del liberalismo a ultranza sometido a la razón extrema. Estos escritos recogidos en “La Ley” merecieron los elogios de la prensa adicta con Pedro Goyena y José Manuel Estrada. Después las polémicas continuaron estando en Rosario, asumiendo siempre la defensa de los principios católicos. Precisamente fueron famosas las que sostuvo con relación a la escuela laica, en “El Orden” de Rosario, contra un tal Pujadas quien, respondiéndole con “blasfemias tan soeces” hizo que Niella lo acallara con sus palabras: “Por Dios señor, no confunda la luz con las tinieblas i la virtud con...”.

“... Cristo no tiene semejante en la humanidad ; marcha solo en el mundo; está en medio de los siglos i en el fondo de la historia. Es la luz i la verdad”. (31)

Mucho después, ya como Obispo su vocación por las letras volvió a manifestarse, como lo señala el Padre J. S. Brunel Pruyas: “El periodismo católico es testigo de la inversión de buenas sumas de dinero del peculio personal de Mons. Niella; (32) empezó su Obispado con un diario matutino con imprenta propia, continuó siendo vespertino y posteriormente fue bisemanal, no habiendo muerto por inanición, sino que otras fueron las causas de su desaparición. La revista “La Semana”, editada en la Sede Episcopal, la vida propia del Boletín Ecco., desprendido de la Revista Ecca., desde el Arzobispado de Buenos Aires desde el año 1919 y la revista “Criterio” de la Capital Federal, son testigos fehacientes de la distribución equitativa, laudable y generosa de sus propios bienes patrimoniales que los hizo llegar reservadamente para el culto y los pobres de la Iglesia Matriz del Rosario de Santa Fé...”. (33)

La oratoria sagrada lo contó entre sus mas notables cultores de la época, en la República.

En 1929 alguien escribió que “cortado según el noble de los oradores franceses, atrae a su auditorio i lo domina mas con los vividos colores de sus cuadros que con los recursos de la dialéctica, aunque de esta no están por cierto ayunos sus discursos. Habla mas al corazón que a la intelijencia, i desiende mas a las utilidades morales de las prácticas religiosas que a entonar himnos de pomposa elegancia a los dogmas de la relijión. Su palabra es grave, su dicción correcta, su jesto medido, i sus arranques vibrantes pero jamás descompasados”. (34)

Sus piezas oratorias fueron famosas en Goya, en Rosario, en Paraná, en Luján, en Corrientes, en Córdoba, en Montevideo, en Buenos Aires. Por mucho tiempo se recordó su oración fúnebre en el sepelio del Teniente General Benjamín Virasoro el 2 de Mayo de 1897 cuando dijo, entre otros conceptos, de su comprovinciano: “Este militar honrado y pundonoroso, al par que valiente i heroico no se avergonzaba del profesar públicamente la fé de sus padres. Para él el sol de la libertad no era la noche siniestra de la relijión, Creyente con la espada en la mano i la cruz en el pecho se lanzaba a los combates titánicos, porque la piedad no era para él la cadena de la libertad ni la devoción la muerte del heroísmo”. (35)

No menos trascendentes resultaron los panejíricos de la Santísima Cruz de los Milagros en 1888, durante los fastos del tercer centenario de la fundación de Corrientes, su emocionante sermón cuando la Coronación Pontificia de N. S. de Itatí, en 1900 y sus conferencias cuaresmales de 1899 en la Catedral Metropolitana.

En una ocasión, siendo Cura de Rosario, dijo de él “La Capital” de esa ciudad:

Niella no es uno de esos predicadores que pueden escucharse con indiferencia. Es de esos oradores insinuantes que atraen e interesan desde el primer momento en que se los oye. Sus sermones no son parodias ni imitaciones serviles de los grandes maestros de la elocuencia sagrada en que la novedad y el interés desaparecen, sino que se encuentran llenos de emoción y caridad, de arrebatos felices y rasgos políticos que revelan verdadera inspiración”. (36)

Cuando siendo Secretario aún de Monseñor de la Lastra y Gordillo, tócole pronunciar las conferencias cuaresmales, un diario porteño opinó: “Buena i correctísima dicción, orijinalidad de pensamientos, clara y novedosa exposición, ideas brillantes y un espíritu singular de observación de las realidades de la vida es lo que da a la palabra del señor Niella indiscutibles atractivos. Su estilo es sobrio, caracterizado mas bién por una expresión fácil i conceptuosa. En fin se há revelado uno de nuestros primeros oradores sagrados”. (37)

El 17 de Octubre de 1902, ya como Vicario Foráneo en Corrientes, a pedido de un periódico considerado como anticlerical que buscó desafiarlo, dió una conferencia sobre la moralidad de la confesión. Curiosamente, después, los periódicos liberales sindicados como radicales oponentes a la Iglesia, entre ellos “El Trabajo” reconocieron la calidad de las palabras de Niella.

Como Obispo, sus pastorales mas notables llenan un espacio importante entre 1911 y 1924. La primera de ellas, fechada el 4 de junio día de su Consagración Episcopal es elocuente: “Nuestra situación es demasiada angustiosa; nos encontramos rodeados de miserias propias que nos abruman y de responsabilidad muy serias que nos abaten. ¿Quién soy yo, oh Señor, para que me elevéis a tal honra?. ¿Cómo mi memoria ocupa vuestro corazón?. Todo el día me molesta la vergüenza y el rubor cubre mi frente... Y así ¿nos hemos atrevido a empuñar el báculo pastoral y a sentarnos en el trono de los sucesores de los apóstoles?. ¿Por qué los ángeles tutelares de esta Santa Iglesia Catedral no nos han atajado el paso?. ¿Por qué no han avanzado otros sacerdotes distinguidos?... Misterio de Dios... Inexcusables son sus designios. El es quien exalta y quien humilla. Escoge, cuando le agrada, seres inútiles como para demostrar que solo él es grande, y que solo en él están las fuentes de la verdad y el bién”.
(...)

“Os debemos nuestra primera palabra, sacerdotes de esta Diócesis, pero no como a inferiores o súbditos, porque el obispo no viene a mandar sino a servir: NOS AUTEM SERVOS VESTROS PER JESUM. Os respetamos como a hermanos carísimos, y os pedimos que no os avergonceis de vuestro hermano mayor. Antes que nada hemos empezado por confesar nuestra indignidad”.
(...)

“Pastor, aunque indigno, tenemos que aposentar el rebaño de Cristo. Pero ¿Cómo daremos cima a esta ardua misión? ¿Qué programa nos trazaremos para el éxito de nuestros trabajos?. Restaurar todas las cosas en Cristo, especialmente por el sacramento eucarístico, es el programa de nuestro gran Pontífice, no tendremos otro, como que responde al testamento del Salvador ante la hora redentora de su pasión”.
(...)

“La Iglesia, creó una civilización mas sólida y benéfica que la que llegó a cimentar con el derecho griego o romano, las armas, el comercio y las letras. Sobre la materia está el espíritu. Europa debe a sus obispos su grandeza y su cultura: el protestante Gibong declaró terminantemente que ‘los obispos formaron la Europa’. Y nuestra América tuvo su mas noble exponente de engrandecimiento en el sacerdocio que creaba pueblos, alentaba a los débiles, prolijaba a los oprimidos infiltrando en el alma popular, a costa a veces de su sangre y siempre de su tranquilidad, todas aquellas virtudes que han dado al americano un corazón fuerte y un alma noble aún en los días mas amargos de su democracia”. (38)
Entre citas evangélicas y alardes de humildad, sus pastorales llevan el sentimiento y la emoción a través de los cuales da cuenta de sus acciones futuras y sus objetivos inmediatos.

En enero de 1912, otra pastoral conmueve nuevamente a los católicos:
“La entereza apostólica no se condena jamás; pero, debe anatematizarse siempre la cobardía del acomodamiento y del silencio culpable por conseguir el aprecio de los enemigos de Cristo”. (39)
Enseguida escribe:

“NON ERUBESCO EVANGELIUM: Un solo redentor aparece en el mundo, y ese Redentor está redimiendo siempre; un solo maestro tiene la humanidad, cuyas lecciones no han terminado; una sola ley es necesaria, y esa ley no es de muerte sino de vida y salvación en todos los siglos. El Cristo macilento y triste allí está, en las cumbres del mundo y jamás lo bajaremos ni lo ocultaremos. No hay poder humano que baja nuestro Cristo de las alturas”. (40)

En el mismo año demuestra su dignidad y desapego hacia las adulaciones y con no disimulado orgullo, escribe: “No buscamos ni hemos buscado nunca en el largo período de nuestro sacerdocio la estimación pública ni privada; no la rechazamos, porque la necesitamos como hombre y como sacerdote, pero nos afanamos ante todo por lo que constituye nuestro primer deber, que es Dios, a quién hemos consagrado nuestra vida y nuestras energías”.
(...)

“Soy un hombre mas de corazón que de inteligencia, y mi corazón se oprime ante toda injusticia y ante toda amalgama de principios opuestos. Y mi corazón se dilata cuando veo el sacrificio, la abnegación y la virtud. Sensible como soy y agradecido a cualquier insignificante demostración de aprecio, todo lo dejo, todo lo abandono antes que abandonar el deber, aunque se presente sangriento y en una cruz”. (41)
Llamando a la trascendencia de la humanidad sobre las flaquezas de la materia, dirá en 1914:

“No es el hombre un conjunto de nervios y un puñado de barro para que su destino sea la sensación y su cielo el placer. No es el hombre carne sino también espíritu que ataja las malas pasiones para escalar el mundo de los ángeles. No es el hombre un frenesí o una locura para que se tienda en la mesa de la vida para gustar los apetitos de la sensualidad: es un organismo conciente con ideas inmortales, en cuyas entrañas mandan la voz del deber y truenan los gritos de la conciencia. Y cuando la conciencia enmudece, ahogada por el muladar, cae el hombre en mas bajo nivel que el irracional, porque no existen para su conciencia términos medios: o sube hasta el cielo o baja hasta el abismo de la degradación y del tormento”. (42)

Llamando a la devoción hacia la sacra eucaristía del Altar, hace una reflexión y dice: “Jesús es la vida, la verdadera vida hoy como siempre Jesús es la salvación del mundo; pero, de un modo providencial Jesús Hostia. Signo de redención, árbol de vida, como nunca se levante hoy en alto la Divina Hostia para que el mundo la adore, la mire y la reciba”.
“El siglo de la Eucaristía será el siglo de oro de la humanidad.”
“La parroquia, que tuviera relativamente mas comuniones, será la parroquia de nuestra preferencia”.

“Vosotros teneis vuestros sagrarios en las iglesias parroquiales, y yo felizmente lo tengo en mi capilla privada. Procuremos vosotros y yo ser HOMBRES DEL SAGRARIO”. (43)

“Ah, escribimos con lágrimas!... Necesitaríamos carecer de corazón para no conmovernos. Jesús, siendo Dios, lloró en la muerte del amigo, y sudó sangre al pensar en la muerte de las almas. ¡Cómo no podemos ser insensibles ante la perdición de nuestros hijos!”. (44)
En 1918, confesó sus obstáculos primeros al regresar joven a hacerse cargo de la Vicaría:

“Permitidme un recuerdo. Volvía Corrientes después de largos años de ausencia, a hacerme cargo de la única parroquia que entonces existía en esta ciudad. Me pregunté: ¿qué podía hacer en favor de este pueblo amado?...”.

“La Iglesia Matriz la encontré poco menos que abandonada. En esta capital no había doctrina para los niños. A los pobres se los atendía en los hospitales. Las familias acomodadas conservaban su fé religiosa y concurrían a los templos de San Francisco y de La Merced. Entonces, pensé delante de Dios que a nadie molestaría y acaso haría algún bién si llamaba a la Matriz a los pobres y a los niños”.
(...)

“Amamos la libertad y amamos mucho a esta tierra que nos vió nacer; pero, amamos mas la verdad, porque la verdad es la vida y, cuando falta la verdad, la muerte es inevitable. No es la vida el mero hecho de la existencia. En el error y el vicio el hombre no puede vivir; existirá, y su existencia por mas hermosa que aparezca, no será diversa de la existencia de la planta cargada de rocío o el sepulcro cargado de tristes despojos humanos. Será una cosa mas que un ser”. (45)
Poco después exalta su devoción mariana; signo y dirección de su ministerio diocesano:

“Es imposible ocultar el sol. Podrá estar pervertida la sociedad lo mas que se quiera, sobre la chacra infecta el trono de María se yergue respetado como bandera de nobleza y faro de salvación, y es siempre su recuerdo placentero y conmovedor su culto, tranquilo como el rayo de la luna en el dormido lago, puro como la esencia del bosque en la primavera, hermoso como la inocencia y santo como la virtud”. (46)

Estos documentos reflejan la personalidad de Niella como Obispo, sus pasiones, su carácter, el fundamento de sus creencias, sus reflexiones, sus impresiones tras las visitas pastorales. Bien dice Bajac al analizar la constitución literaria de estos escritos: “... las huellas del literato se descubren a cada paso. Numerosísimas son las páginas que podrían figurar con ventaja en una buena antología...”. (47)

Aquí se destaca entonces el hombre de letras que anidó en la personalidad de Luis Niella, desde sus años primeros, cuando surgía su retórica, hasta sus escritos, y sus análisis literarios envueltos en pasionales artículos de prensa. En algún momento deberá trabajar la literatura para rescatar su personalidad desde esta posición.


El Obispo

Sobre cómo el activo Vicario Foráneo de Corrientes Monseñor Dr. Luis A. Niella, párroco de la Iglesia Matriz de Corrientes cuya tradición de sacerdotes distinguidos e ilustrados continuó, llegó a ser el primer Obispo de Corrientes y Misiones, es tarea profunda de investigación que alguna vez se hará pués habrán influido figuras de peso y prestigio, lo suficiente para que no se recordase el origen truculento de su nacimiento - culpa de la que en nada tenía que ver el brillante sacerdote- posiblemente borrado ya antes dado la meteórica- carrera que venía cumpliendo el Padre Niella. No es inconsecuente suponer la influencia de los Cabral y Díaz Colodrero en este asunto mas tampoco la de otros notables hombres que habrán apadrinado a tan brillante candidato haciendo que se ocultase el pecado de sus padres, que la Iglesia de entonces entendía como obstáculo a tener presente en el sacerdocio, cuanto no en un Obispado. (48)

El Dr. Fernando Díaz Ulloque, en alusión al tema escribe: “Hablando de algunas vinculaciones especiales de Monseñor Niella podemos recordar además su amistad con el Dr. Juan Esteban Martínez y su familia, con quien mantuvo una relación muy estrecha. Precisamente el Dr. Martínez fue uno de los que más influyeron en su designación. Y al respecto encuentro oportuno referir una anécdota que me transmitió mi apreciado amigo Vicente Martínez -hijo de don Juan Esteban- vinculada con el nombramiento de Monseñor Niella. En efecto, en Buenos Aires almorzaba con el Dr. Juan Estaban Martínez a la sazón Gobernador, y que se encontraba accidentalmente en la Capital Federal, y con su señora esposa Misia Máxima Perichón de Martínez, varios sacerdotes entre ellos el entonces Presbítero Luis María Niella y además el Nuncio Apostólico. Asistían así mismo algunos pocos laicos. Como aún no estaba confeccionada la terna de candidatos para el Obispado de Corrientes (en esos tiempos el Senado de la Nación ponía tres nombres y de entre ellos elegía el Santo Padre), había interés en saber quienes habrían de integrarla, y sobre todo quién habría de encabezarla, porque era norma que la Santa Sede eligiera al primero de los propuestos. Por otra parte se sabía que los senadores preparaban la lista y el orden de la misma, de acuerdo con la Nunciatura. Esta era la razón por la cual, repito, existía gran expectativa, particularmente en cuanto al primer término. Y fue así como uno de los comensales (que no era sacerdote) se permitió preguntar al Nuncio quien sería el primer propuesto, lo que aquí valía a preguntar, según expliqué, quien sería el Obispo. El Nuncio, fiel exponente de la disciplina vaticana, sagaz y experimentado, parece que encontró atinado adelantar el nombre del titular de la Diócesis de Corrientes, y señalando sucesivamente a cada uno de los sacerdotes presentes fue diciendo: no será él, ni él, ni él, para agregar luego de una breve pausa y señalando a Doña Máxima, ‘ni ella’. Estaba dicho”. (49)

Erigida la nueva diócesis de Corrientes por Bula de S. S. Pio X en 3 de febrero de 1910, y mandada ejecutar por el internuncio Dr. Atilio Locatelli según decreto del 15 de julio del mismo año, el Senado de la Nación formuló la terna de candidatos encabezándola el Vicario Foráneo de Corrientes, con fecha 26 de julio. Un mes después el Presidente de la República Dr. Roque Sáenz Peña decretó el 17 de agosto que se presentara dicho primer candidato a la Santa Sede para Obispo de la nueva diócesis, pidiendo la investidura canónica con las prerrogativas correspondientes. (50)

Preconizado obispo por el soberano pontífice, se expidieron las letras apostólicas “Commissum humilitati nostrae” en favor del presbítero Luis M. Niella, con fecha 3 de Febrero de 1911, siendo consagrado el 4 de Junio en acto solemnísimo documentado en acta labrada ese día. (51)

Una publicación de la época, decía en su edición de Abril de 1911: “No se sabe aún con certeza si la consagración del Obispo Dr. Niella se realizará en esta Capital o en Buenos Aires”.

“No obstante las damas correntinas activan los trabajos a fin de que el prelado sea consagrado en su pueblo natal, Corrientes”.

“Idea feliz, pues es aquí donde el Dr. Niella empezó su lucida carrera eclesiástica, donde debe ser consagrado, para que así se le tribute el homenaje debido a sus altas prendas morales, de todo un pueblo que lo ama con el doble egoísmo dispensado al hombre bueno y al comprovinciano eminente”. (52) Un mes después se acotaba: “ha prestado el juramento de práctica ante el senado de la nación, monseñor Luis A. Niella, que ocupará, luego de su consagración, el obispado de Corrientes”.

“El prelado, a su llegada a Buenos Aires, fué recibido y reverenciado por el pueblo católico de esta Capital”.

“Prepáranse grandes fiestas en su honor, organizadas por las damas correntinas y el gobierno de la provincia...”. (53)

La llegada del Arzobispo de Buenos Aires preanunció las solemnisímas de la consagración episcopal:

“Como estaba anunciada, el 31 del mes ppdo. (Mayo) arribó a nuestro puerto la cañonera ‘Paraná’, conduciendo a su bordo a S.S.J.J. el arzobispo de Buenos Aires dr. Mariano Espinosa y al Obispo Salesiano, el capellán Piaggio, que viene a presidir la consagración del nuevo Obispo monseñor Niella”.

“Con objeto de hacerlo los honores de estilo se hallaban en el puerto el Regimiento 9 de Infantería, bandas de música y numerosa concurrencia”.
“La presencia de la nave fue saludada por el repique de las campanas de todas las iglesias, mientras que las dianas y marchas triunfales hacían entusiasmar y llenar de júbilo a la concurrencia”.

“Con objeto de dar a los viajeros la bienvenida pasaron a bordo del Ministerio de Gobierno, el Obispo de Paraná monseñor Bazán, el obispo diocesano electo, monseñor Niella y el Presidente de la Orden de San Francisco señor Francisco Roibón”.

“Una vez a tierra, se organizó la columna que acompañó a los distinguidos huéspedes hasta la Iglesia Matriz, ocupando la cabeza el Sr. Ministro de Gobierno y el Arzobispo Espinoza”.

“Una vez llegado a la calle Plácido Martínez los distinguidos prelados y miembros de la recepción ocuparon los carruajes que se les estaban destinados, y después de saludar al Gobernador Dr. Vidal se dirigieron rumbo a la Matriz, siendo en todo el trayecto aclamados; las familias arrojaban flores y guirnaldas a sus paso, dando lugar a que la recepción fuera cumplida y en donde se ha exteriorizado las francas simpatías que gozan los huéspedes, durante sus días de visitas sobre nosotros”.

“Una vez llegado a la Matriz, hizo uso de la palabra ocupando la cátedra sagrada el padre Bagñan dándosele la bienvenida”.
“Monseñor Espinosa retribuyó administrando al público la santa bendición con lo que se dió por terminada la recepción”. (54)

Una publicación oficial de la época, decía sobre el acontecimiento: “Se ha revestido de toda la pomposa solemnidad las ceremoniales realizadas para consagrar al Dr. Luis M. Niella, obispo de Corrientes y Misiones, diócesis de reciente creación. En verdad que el rito eclesiástico ha logrado esta vez subyugar todos los espíritus y atraerse todas las simpatías en un espontáneo palmoteo de condigno asentimiento”.

Mas adelante expone:
“Después del digno recibimiento que el pueblo de esta Capital hizo al arzobispo Espinosa y demás prelados, (...) sucedió el acto, sencillo en sí, pero de grande significado para el culto, de la entrega de los obsequios al obispo Monseñor Niella por la Comisión de Damas Pro-Obispado, el sábado 3 del corriente”.

“La escena resultó verdaderamente tocante. Monseñor Niella, avisado de la gratísima cuanto valiosa demostración de que iba a ser objeto, esperóla ansioso y emocionado. Y esta no se hizo esperar. Un núcleo de damas de lo mas distinguido que Corrientes aristocrático tiene, estuvo allí para presentarle su rica ofrenda. La señora Higinia B. de Cabral, designada para ofrecer los obsequios, dijo entre otras cosas”.

“Monseñor: vuestras virtudes, celo infatigable en el cumplimiento de vuestro sagrado ministerio y trabajo sin desmayo, son el mejor galardón que ceñiréis. Rodead esto con la diadema brillante y pura del cariño sin límites de todos vuestros fieles y tendreis, monseñor, la seguridad completa de que en el acto solemne de vuestra consagración todos los corazones palpitan al unísono con el vuestro y las plegarias subirán fervientes al Señor pidiendo para vos: felicidad, acierto y larga dirección de esta diócesis”.

“Nuestras grandezas se expanden, el progreso se afianza a pasos de gigante y en medio de este bello concierto, se asienta la cuna hermosa de un bello obispado en esta ciudad, por tantos conceptos, cristianos y heroica. María de Itatí se sonríe gozosa desde su santuario y desde ahí os bendice con su corazón de madre amorosa; la Cruz Santísima, reliquia venerada os abre sus brazos, en los que se sostienen la fé de nuestro pueblo y la gloria de nuestros antepasados”.
(...)

“Monseñor, a nombre de vuestro pueblo esta Comisión que aquí veis, dignamente presidida por la señora Eloisa Torrent de Vidal, tiene la satisfacción de presentaros estos obsequios para que los useis como prenda de cariño de vuestros fieles todos”. (55)

El sábado 3 de Junio de 1911, por la tarde, Niella prestó juramento según lo exigía la Iglesia, ante el Arzobispo de Buenos Aires Monseñor Dr. Mariano Espinoza y numeroso público. Al día siguiente, domingo 4 a las 8 y media de la mañana se iniciaron los actos con la solemne visa pontifical en la que habrá de consagrarse al nuevo obispo. “Fuera difícil tarea describir el conjunto desbordante de público que tomaba estación en las amplias naves de la Matriz. Y por lo que respecta fuera del templo, bellamente exornado en su exterior, la multitud aglomerada frente a él, en las diagonales, aceras de la plaza y por doquier era grande. Y a esto se agregaba la formación del Regimiento 9 de Infantería y el Cuerpo de Seguridad, a los efectos de rendir honores correspondientes”. (56)
“Los prelados revestidos con las vestiduras solemnes del rito, llevaron procesionalmente desde su residencia provisoria a la Catedral a Monseñor Niella”. (57)

“A las 8 y 30 penetró al templo la comitiva oficial presidida por el señor Gobernador de la provincia, dando comienzo acto continuo a la ceremonia de la consagración del obispo”. (58)

“El interior de la iglesia, adornado con sencillez y buen gusto presentaba en ese instante un golpe de vista encantador con su profusión de luces y colores, la compacta muchedumbre estacionada en las naves laterales y numerosas y gentiles damas y niñas que llenaban por completo, juntamente con la comitiva oficial, la nave central del templo”.

“Una vez ubicado el público en los lugares que de antemano le estaban destinados dio comienzo a la imponente ceremonia ante la inmensa espectativa de la concurrencia allí reunida”.

“Por las puertas laterales penetraron al recinto el arzobispo de Buenos Aires monseñor Espinosa, el obispo de Paraná monseñor Bazán, el salesiano monseñor Costamagna y el electo doctor Niella”. (59)

“Luego diose principio a la larga ceremonia de la misa pontifical y consagración episcopal que fué una novedad por su magnificencia, y seguida con suma atención por el numeroso concurso”.

“Presidió Monseñor Espinoza, asistido por los Obispos Mons Abel Bazán y Bustos, Costamagna, consagrantes, siendo maestro de ceremonia Monseñor Piaggio, familiares de los obispos, seminaristas correntinos, párrocos clero regular y secular y gran número de sacerdotes amigos de Niella”. (60)

“Revestidos todos con los indumentos sagrados del ritual, tomó asiento Monseñor Espinosa ante el altar mayor, de cara al público, humillándose a sus plantas el electo, entre los dos obispos asistentes, tomando después todos asiento, procediéndose luego a la lectura de la bula pontificia que designa a monseñor Niella obispo de Corrientes”.

“Llenados estos requisitos preliminares empezó la solemne misa cantada de rigor en estos casos, en tanto que monseñor Niella se revestía con el pectoral, casulla y demás atributos de su alta dignidad”.

“Bendecido el doctor Niella por los obispos asistentes y después de rezadas la letanías, permaneció de rodillas frente al arzobispo, quien colocó sobre sus espaldas los santos evangelios, mientras que aquellos, puestas las manos sobre la cabeza del obispo electo, pronunciaban las frases del ritual”.

“El arzobispo monseñor Espinosa precedió enseguida a administrar el santo crisma y ungir las manos del nuevo obispo, a quien entregó después el báculo y el anillo, abrazándose luego”.

“Continuó la misa con el prolijo ceremonial establecido para estas ocasiones, hasta que una vez llegada la bendición, los obispos colocaron la mitra a monseñor Niella, quien en tanto, que empezaba el Tedeum, recorrió la iglesia en compañía del arzobispo y obispos asistentes bendiciendo al público”.

“Vuelto al altar los ilustres prelados se despojaron de sus vestiduras sagradas, dándose por terminada la ceremonia después de la lectura del evangelio”. (61)

“Asistieron las autoridades civiles, militares, corporaciones religiosas, comisiones pro-obispado”.

“Apadrinaron a Mons. Niella, el Gdor. J. R. Vidal el diputado nacional Pedro Celestino López, y don Antonio Cabral”.

“La orquesta del maestro Manuel Viladesau y la Schola Cantorum de la Merced, acompañaron la ceremonia. Se entonó el ‘Ave María’ del maestro Julio Monni compuesta en el homenaje al nuevo obispo, y cantado por el R. P. Fray Antonio de J. Pau”. (62)

“La parte musical estuvo en un todo a la altura de la solemnidad del acto que se celebraba”.

“Las composiciones elegidas: misa ‘Gloria Deo’ de José Deschermcier y Te Deum de Carlos Bertolian a 3 voces, a pesar de su moderada extensión, reúnen méritos suficientes para hacer figurar a sus autores entre los primeros compositores de música relijiosa moderna”.
“Ajustadas rigurosamente al motu propio de su santidad Pio X referente a música religiosa, se distinguió sin embargo la primera por la melódica de cada una de sus voces, formando un conjunto sumamente agradable y solemne”.

“Llamó también la atención la segunda con sus versos alternados en canto gregoriano y canto figurado, que acompañados respectivamente por el órgano y la orquesta, formaban un magnífico contraste”.
“En las partes variables de la misa se cantonaron varias motetes de autores renombrados”.

“El coro, compuesto por los R.R. P.P. del convento de la Merced, portó con la corrección y buén gusto a que nos tiene acostumbrados”.
(...)

“La orquesta organizada con mucho acierto por el maestro señor Manuel Viladesau, exclusivamente con instrumentos de cuerda, que por su dulzura encuadran mejor con la seriedad del templo, hizo resaltar bajo la dirección de este inteligente maestro las bellezas de las obras elegidas, fielmente, hasta en sus más mínimos detalles”.

“A la entrada y salida del templo, de los prelados y autoridades, fué ejecutado a gran órgano y orquesta una marcha triunfal adecuada a las circunstancias”. (63)

Antes de concluir la ceremonia, el Obispo de Paraná Monseñor Abel Bazán y Bustos, el último de esta Diócesis con jurisdicción sobre Corrientes, entregó la Diócesis a Monseñor Luis María Niella.

Vuelto procesionalmente a su residencia, el Obispo Niella recibió a autoridades, comisiones, amigos, que llegaron a saludarlo.
Por disposición del nuevo Obispo se sirvió un banquete en el Convento de La Merced en homenaje a los Obispos asistentes invitándoselo también a todo el clero.

Curiosamente, el Obispo Niella no pudo asistir a causa de las emociones y cansancio, pero se brindó en su honor con champagne. (64)

“A la tarde, a las 5, tuvo lugar en el local del Jockey Club, bajo los auspicios de distinguidas damas, una hermosa fiesta consistente en una velada literaria-musical, ofrecida por los seminaristas correntinos en honor de los prelados. Un programa por demás interesante y en que se ponía de manifiesto la preparación y aptitudes para la oratoria de los futuros sacerdotes; fué llenado con toda corrección”. (65)

A esta tertulia asistió la aristocracia correntina además del Arzobispo Espinosa y los Obispos Bazán y Costamagna y lógicamente Niella. También el Gobernador Vidal, su Ministro Dr. Mora y Araujo y otros funcionarios.
Por la noche, a las 9,30 P. M. “un magnifico recibo que hará época en los anales de nuestra sociabilidad, se realizó en los lujosos salones del palacio de gobierno, en cuya forma el poder ejecutivo de la Provincia se propuso dar mayor realce a los merecidos agasajos de que eran objeto los ilustres huéspedes”. (66) Tras el lunch “al retirarse los ilustrísimos monseñores y el clero, empezó el baile de gala al que concurrió la aristocracia correntina”. (67)

Decían las crónicas de la época que “la recepción tuvo la virtud de congregar en aquel recinto todo lo mas representativo y aristocrático que tiene Corrientes, sin exclusión de partidos políticos -que mucho dice en favor de nuestra cultura de la democracia- y de verse ennoblecido por la gentil presencia de las dignidades eclesiásticas, a quienes iba dedicada la fiesta”.

“Pocas horas participaron estas, como era de presumirse, de los atractivos de la reunión, retirándose a sus respectivos alojamientos, gratos a la exquisita galantería con que eran tratados por el señor gobernador y demás concurrentes a la recepción. (68) Esta, empero se prolongó hasta altas horas de la noche en animadísima tertulia, cuyo entusiasmo se mantuvo hasta lo último”. (69)

La partida de regreso a Buenos Aires, del Arzobispo Dr. Monseñor Espinosa, los obispos monseñores Bazán, Costamagna, y Piaggio y sus familiares eclesiásticos se efectuó el lunes 5 de junio por la mañana. Previamente, a las 8 A.M. concurrieron al Convento de La Merced punto de reunión de los ilustres huéspedes, el Gobernador Juan Ramón Vidal, su esposa, Monseñor Niella, las comisiones de damas y caballeros para la despedida a los obispos asistentes. Allí la señorita Debora Gómez, en nombre de la Comisión de Damas y el Pueblo de Corrientes, leyó un discurso de agradecimiento y despedida a Monseñor Bazán, que fue contestado igualmente por este.

El Gobernador Vidal, el Obispo Niella y la concurrencia, acompañaron entonces hasta el muelle de pasajeros a los obispos asistentes. Al llegar al puerto las Bandas del Regimiento 9 de Infantería, y de la Policía de la Provincia los saludaron. “A su vez, y en circunstancias de pisar los prelados la cubierta de la ‘Rosario’ -cañonera que reemplazó a la ‘Paraná’- aquella hizo la salva de 21 cañonazos, levando anclas poco después”. (70)
Al despedir a Monseñor Bazán y Bustos, Da. Eloisa Torrent de Vidal expresó: “Justo júbilo embarga el corazón de los católicos correntinos al ver su capital, capital de una nueva diócesis episcopal y ver bajo el solio de este nuevo trono, un hijo esclarecido de su suelo...”. (71)

Después de los solemnisimos actos de consagración se inició formalmente el Obispado de Luis María Niella, gobierno espiritual que impuso sobre Corrientes y Misiones, en esa jurisdicción extensa que le demandaría una actividad misional y profunda durante los veintidós años de episcopado que le cupo desempeñar, a quien muy pronto se lo llamó “el obispo misionero”. Su primera carta pastoral dada a conocer el 4 de Junio de 1911 es un documento harto elocuente de su pensamiento y su personalidad: “Nuestra situación es, pues, demasiado angustiosa, nos encontramos rodeados de miserias propias que nos abruman y de responsabilidades muy serias que nos abaten. ¿Quién soy yo oh Señor, para que me eleveis a tal honra?. ¿Cómo mi memoria ocupa vuestro corazón? (Job, VII. 17). Todo el día me molesta la vergüenza, y el rubor cubre mi frente (Ps. XLIII, 16)”.

“¿Y si nos hemos atrevido a empuñar el báculo pastoral y a sentarnos en el trono de los sucesores de los apóstoles?. ¿Porqué los ángeles titulares de esta Santa Iglesia Catedral no nos han atajado el paso?. ¿Porqué no han avanzado otros sacerdotes dignísimos y distinguidisimos... Misterios de Dios... Inexcrutables son sus designios”. (72)
Es en este prólogo donde el Obispo, citando frases célebres de la tradición católica, con un gesto de humildad, preanuncia su acción episcopal y al dirigirse al clero dice:

“Os debemos nuestra primera palabra Sacerdotes de esta Diócesis, pero no como a inferiores ó súbditos, porque el Obispo no vine a mandar sino a servir: nos autem servos vestros per Jesumm”. (73) Luego expresa: “... una Diócesis no es un gravamen al herario, ni un adorno para la Religión, ni será nunca un obstáculo para la civilización...”.
(...)

“Un Obispado es para la civilización moral de las naciones más que lo que es la fábrica para la riqueza, y la escuela para la ciencia” (74) y citando a San Cipriano, escribe: “El obispo está en la Iglesia y la Iglesia en el Obispo y el que no está con el Obispo no está en la Iglesia” (75) expresión que vá mas allá de la simple enunciación y revela su postura ante una sociedad donde masones y liberales positivistas tenían amplia influencia sobre la comunidad. Al referirse a la exaltación de la Eucaristía como medio y forma de llegar y permanecer en Cristo decreta: “...ordenamos que el diez y seis de Julio del presente año, aniversario de la solemne coronación pontificia de la Virgen de Itatí, tenga lugar en toda nuestra Diócesis y solamente en las Parroquias, una comunión solemne de la mayor concurrencia posible; que se exponga el Santísimo Sacramento todo el día desde la misa de comunión, que se invite al pueblo para la adoración durante la exposición; y que, a la tarde, se terminen estos cultos con una procesión grandiosa, llevando en triunfo la Sagrada Hostia alrededor de la plaza pública, rezando en alta voz el rosario y las letanías de todos los santos, sin bandas de música, ni conversaciones, y sin mas ruido que la plegaria pidiendo al Señor su misericordia para esta nueva Diócesis”. (76) Al pedir oraciones para el Papa Pio X, por el Internuncio, Delegado de la Santa Sede, los Prelados, Arzobispos y Obispos, por el Gobierno Nacional “que protege la Iglesia y aumente la diócesis en nuestro país”, expresa: “Oremos por el Excmo. Gobierno de la Provincia que desde 1901, de diversos modos y en distintas administraciones, ha gestionado la creación de esta Diócesis, hasta el actual Magistrado, a quien se debe el éxito, Nuestra eterna gratitud y nuestros votos de felicidad: ¡que Corrientes tenga siempre gobernadores que sean el mas bello exponente de las gloriosas y sagradas tradiciones de nuestro pueblo!” (77), y confiesa: “No se nos ocultan las dificultades del ministerio episcopal, especialmente en estos tiempos en que las influencias del espíritu liberal han sentrado el camino de zarzales y espinas. La acción, el consejo, la predicación de un obispo tiene forzosamente sus atingencias con los Poderes públicos y con los dos factores del progreso social: la escuela y el taller”. (78)

Finalmente manifiesta su intensión de visitar todo el territorio bajo su ministerio episcopal: “...y será nuestro mayor consuelo, recorrer a la brevedad posible las ciudades y los campos y los desiertos de nuestra Diócesis, allá donde more un alma procuraremos estar como un padre al lado de su hijo ausente”. (79)


La Gestión Episcopal

Con motivo del cincuentenario de la ordenación sacerdotal del Obispo Niella, en 1929, decía “El Mensajero” que “...lo que se vió siempre resplandecer en el actual obispo fué su espíritu sacerdotal. (80) Antes que hombre de curia, i director espiritual de pueblos i periodista de polémicas vigorosas, i horador de elocuencia hóndamente emotiva i prelado de infatigable labor, fué i es sacerdote disciplinado en el servicio de su Dios, siendo su vida interior mas intensa que la exterior. No pasó para él la modalidad piadosa del seminario. Y las costumbres diarias de la meditación, la lectura espiritual, de la visita al Santísimo, del rezo del Rosario, del amor al estudio, i del recojimiento en vez de diluirse con los años, se han vigorizado con las enerjías del hábito.
(...)

“En cierta ocasión solemne, escribió en La Razón de Rosario de Santa Fé: entre otras, esta frase que es una definición de su caracter: ‘Si buscara aplausos me propiciaría la voluntad del público, i sabría como conseguirlos. Pero, no hai mejor aplauso que cumplir con su deber”. (81)

El obispado de Monseñor Niella estuvo signado por acciones espirituales y materiales en el marco de la conciencia que el prelado tenía de su dignidad. Hernán Félix Gómez dice que “a contar de su consagración (...) su personalidad adquirió relieves notables por los servicios que rindió a su apostolado”. (82) Como lo expresaba en su primera pastoral, ni bien pudo se abocó a misionar recorriendo su extensa diócesis.

Es bien sabido que gustaba de visitar los pueblos y ciudades del interior donde, tras instalarse, hacía avisar a las familias que concurriría a visitarlas, (83) ocasión en que obsequiaba con su fotografía, durante la primera visita que hacía. Ser obsequiado así por el Obispo era recibir de su parte una distinción especial que se reiteraba en las posteriores visitas de cortesía que realizaba.

Así como Monseñor Niella era un cultor de las buenas costumbres , amigo de las reuniones y muy respetado por su don de gente en los círculos principales de la sociedad, sabía bajar al llano para llegar hasta “sus hijos del campo” y en tiempos en que la sociedad correntina había relegado el uso del guaraní a una lengua de entre casa, el Obispo usaba el idioma vernáculo aún desde el púlpito para llegar hasta el campesinado. (84)
Después de Corrientes, el Obispo tenía especial predilección por establecerse circunstancialmente en Itatí. No era para menos toda vez que el Santuario podría considerarse la segunda cátedra episcopal por la significación y el simbolismo de la fuerte tradición mariana bajo la advocación de Ntra. Sra.

El Dr. Gaspar Bonastre al respecto dice:
“Cuando niño conocí en Itatí a Monseñor Niella. Por entonces tangenciaba los 70 años y guardo de él un recuerdo singularmente simpático. Con frecuencia visitaba Itatí, donde permanecía entre diez y quince días, acompañado invariablemente de su Secretario el Pbro. José Brunel Pruyas, hombre simpatiquísimo de espíritu sumbón y muy bromista. Generalmente las visitas las hacía en carácter de misiones (al menos así la llamaban) y a menudo él personalmente nos adoctrinaba en el catecismo. Su llaneza conquistaba nuestro ánimo y con gracejo intercalaba chistes, anécdotas, episodios diversos que alimentaban nuestra confianza e interés, y también la amenidad de sus clases, donde algunas veces querían meternos en la cabeza conceptos que no podían estar a nuestro alcance”.

“Hablaba correctamente el guaraní, conocimiento entonces muy importante para el trato con el paisano de la campaña correntina y sus sermones (sobre todo con motivo de las peregrinaciones de San Luis), los salpicaba a veces con párrafos en guaraní; me quedó grabado un episodio, que fue muy festejado por el numeroso concurso, pintoresco caso al que el uso del guaraní confería mas fuerza cómica. Se casaron varias parejas, poco menos que colectivamente, y les habló y recomendó enérgicamente la fidelidad conyugal, dirigiéndose a los flamantes maridos les expresó, en guaraní, que no vayan a hacer lo que cierto paisano de un departamento vecino, que después de un tiempo de casado pidió muy especialmente a su esposa que le tuviese pulcramente lista su ropa y planchase bien la camisa, porque tenía una diligencia muy importante que hacer, ‘ha ohó o mondá peteé guaina...”. (85)

Por otra parte, el Dr. Fernando Díaz Ulloque escribe: “Mi madre y mis tíos me han contado de las visitas que Monseñor Niella hacía a la casa de mi abuela Da. Trifona Romero de Pujol, cuando ella ya viuda se estableció en la Capital de la Provincia”.

“Por mi parte tengo algunos recuerdos personales del primer pastor de Corrientes. Es claro que cuando yo lo conocí, ya no salía sino excepcionalmente. Con mi padre fuimos algunas veces a saludarlo...”. (86)
Monseñor Niella imprimió a la Diócesis de Corrientes un lema: “Buscad primero el Reino de Dios y su Justicia y todas las demás cosas se os darán por añadidura”, y bajo el mismo realizó su acción misional que desplegó con una tarea encomiable. Su escudo episcopal, que quedó impreso en cuanto lugar estuvo y actuó el Obispo, (87) llevaba campos significativos en su simbología: “está la Cruz de los Milagros, en color plata, entre siete lanzas que simbolizan las siete Corrientes que dieron nombre a nuestra ciudad”. (88) También en color plata, en otro cuartel se destaca la imagen de N. S. de Itatí y abajo de todo la leyenda citada: “Queritale Primum Regnum Dei”.
El Obispo sabía que las acciones espirituales se concretan mejor cuando existe el compromiso conjunto de las acciones materiales, y como bien lo dice el Padre J. Brunel Pruyas, al momento de la desaparición de Monseñor Niella, quien tuviera personalmente un patrimonio ingente, “murió exhausto de recursos materiales hasta el punto que, su Testamento tuvo que abrirse ante un Juzgado de Paz cuyo detalle no alcanzaba a la avaluación de los dos mil pesos que marca la ley provincial, a fin de que el Gobierno pueda percibir la parte que le correspondía”. (89)

Sucede que el Obispo había recibido una Diócesis nueva, la estaba él inaugurando y en consecuencia para afrontar la falta de medios económicos recurría a los bienes de su propia persona que le correspondieran en herencia de los Cabral Díaz Colodrero, la familia de su madre. En cambio quedaban estas obras materiales y muchas otras no vistas a los ojos del hombre, toda vez que Niella era un gran humanista y en esencia un hombre de la cultura. Bajo su apostolado, se construyó con su propio peculio el Camarín Neoclásico del Santuario de Alegre y Obieta en Itatí, el segundo camarín que tuvo Ntra. Sra. para lo cual se demolió el de los tiempos de Fray Alegre en 1916, inaugurando el 23 de abril de 1918 el nuevo como parte de los actos programados en el día en que por voluntad suya Ntra. Sra. de Itatí fue proclamada Patrona de la Diócesis de Corrientes y Misiones.

Ese camarín, preciosisimo, fue proyectado y ejecutado por el Arq. Metodio Polnicki e inaugurado por el mismisimo obispo, constituyendo la obra, parte del armonioso conjunto arquitectónico anexo de dependencias del Santuario, lo que subsiste y es Monumento Histórico Provincial pese al estado de degradación al que ha llegado. Para esta obra el Obispo donó $ m/n 40.000 destacándose que la obra lleva mármoles de Carrara, mármol travertino, vitrales europeos, bronces, etc. constituyendo una de las mejores expresiones arquitectónicas de la “Belle Epoque” en Corrientes. Así mismo bajo el mandato de Monseñor Luis Niella, se terminó la Iglesia de Saladas, se pusieron los cimientos de la nueva iglesia de Concepción, la Iglesia de Caá Catí (no concluida totalmente hasta la fecha), la Iglesia de Chavarría, y asegura el Padre Brunel Pruyas que también Monseñor Niella invirtió en las obras del Santuario de la Cruz de los Milagros de Corrientes.
La vieja Iglesia Matriz, de los tiempos de Pujol, iniciada hacia 1852, y pese a su imponencia necesitaba aggiornarse a los tiempos del nuevo episcopado dado que se había avenido en Catedral Metropolitana. También allí Monseñor Niella hizo lo suyo dignificándola como el primer templo de la Provincia, embelleciéndola acorde a su jerarquía y cátedra del Obispo de Corrientes. Se recuerda aún entonces sus interiores lamentablemente destruidos a fines de los setenta. No obstante Monseñor Niella planificaba la construcción del Palacio Episcopal y la nueva Iglesia Catedral, proyecto que no llegó a concretar. Con respecto al Palacio Episcopal, todo el Obispado de Niella se desenvolvió en el antiguo Palacio Pujol, dignísimo y noble edificio donde residió y dirigió a la Diócesis Monseñor Niella. Lamentablemente este edificio (otrora del Gobernador Juan Gregorio Pujol) no pertenecía a la Iglesia y tras la muerte de Monseñor Niella, fue desocupado y demolido tiempo después.

El Obispado se trasladó entonces al Palacio Vedoya, que aunque notable también, no tenía la imponencia de un palacio episcopal de los tiempos de Niella.

En 1913, el Obispo mandó a construir íntegramente el edificio para el Seminario Menor de la Diócesis, estableciéndolo en Itatí. El Seminario fue fundado en 1924, y el edificio digno también para tamaña función, que quedó integrado al conjunto arquitectónico del Camarín el Santuario y sus dependencias.

Contribuyó Monseñor Niella con las obras de la Iglesia de Ntra. Sra. del Rosario de Goya (que en definitiva era una lejana obra suya durante sus años primeros de sacerdote) con las de Paso de los Libres, y la de Santo Tomé. En todas estas situaciones, no debe olvidarse el aporte generoso del óbolo piadoso del pueblo correntino que acudía en igual sentido que su Obispo.

Fue un celoso custodio de los pequeños fondos del Obispado “arbitrados por él tesoneramente, sin que los distrajera ni en un adarme para cubrir el excedente del precio de alquiler con que el Gobierno de la Nación ayudara para la casa del Obispado y oficina de la Curia; sin que empleara ningún céntimo para sus giras pastorales, verdaderas misiones, casi siempre con dos religiosos y su secretario de visita canónica, con quienes recorrió íntegramente, por repetidas veces, su dilatada Diócesis, ayudando a los curas que no podían sustentar el cumplimiento ineludible de este deber sagrado, resguardándolos íntegramente de los gastos de las misiones periódicas en la Cárcel Penitenciaria de esta Ciudad, (Corrientes) en las anuales de fin de año en la Catedral, las que justicieramente llevan el nombre de ‘Mons. Niella’, porque su dádiva generosa cubría siempre todo y no se dejaba de hacer por falta de medios pecuniarios, amén del sostenimiento de seminaristas pobres, de otras generosas oblaciones que la Casa del Buen Pastor de esta Capital sabe y la Diócesis hade extrañar en la falta de recursos para costear la carrera ecca. de estos”. (90)

El periodismo católico es testigo de la buena inversión de sumas de dinero del peculio personal del Obispo Niella, habiendo fundado un diario matutino con imprenta propia, fue luego vespertino y concluyendo como bisemanario, habiendo desaparecido por irresponsabilidad de quienes no siguieron la labor entusiasta del pastor. La revista “La Semana” editada en la Sede Episcopal, el Boletín Eclesiástico con vida propia desde 1919, y la revista “Criterio” de la Capital Federal, fueron testigos de la “distribución equitativa, laudable y generosa de sus propios bienes patrimoniales que los hizo llegar reservadamente para el culto y los pobres de la Iglesia Matriz de Rosario de Santa Fé, donde él fuera Cura varias años, como el culto y los pobres de la Iglesia Catedral de Corrientes...”. (91)
En su testamento, el Obispo escribió “que el entierro de su cuerpo y sufragio por su alma se hagan sin pompas, en forma modesta, como se ha deslizado su existencia en la tierra; que no posee patrimonio, pues, nunca se ha preocupado para formarlo y solo tiene el mueblaje del Obispado, que es de su pertenencia, de escaso valor, los que distribuirá entre personas de su afecto como un modesto recuerdo”. (92)

El 17 de Julio de 1924, con su presencia, se colocó en Itatí la primera piedra del nuevo Santuario de Ntra. Sra. el que según proyectos del Arq. Pbro. Vespiggnani debía tener características neocoloniales. El proyecto además contemplaba la restauración del antiguo Santuario de Alegre y Obieta y de haberse concretado esa obra, la misma se habría constituido en un templo arquitectónicamente mas acorde al aspecto urbano del histórico pueblo, que al decir del Dr. Hernán Gómez lo hizo “la sede predilecta para sus meditaciones”. (93) Al efecto se imprimió un álbum ilustrativo de la obra a ejecutarse, se acuñaron medallas y el acto fue apadrinado por el Gobernador Dr. José E. Robert. Ese mismo día, en la Plaza “Fray Luis de Bolaños” de Itatí, el Obispo bendijo la piedra fundamental del Monumento a su patrona. Todo esto condecía con lo expresado en la Carta Pastoral del 15 de junio de 1924, donde anunciaba la colocación de la piedra fundamental del nuevo Santuario de Ntra. Sra. de Itatí para el 16 de Julio de ese año en coincidencia con el aniversario de la Coronación Pontificia. Por la misma Pastoral, el Obispo anunciaba la fundación en Itatí, del Seminario Diocesano de Corrientes en su edificio propio (94) anexo al Santuario.

Fue de tiempos del Obispo Niella en que se estableció que la festividad de Ntra. Sra. de Itatí se conmemorara el 9 de Julio y no el 16 como usualmente se hacía desde 1900. Monseñor Niella consiguió de Roma esta concesión uniendo la festividad cívica de la Patria, con la religiosa que se conmemoró desde entonces en honor a la Pura y Limpia Concepción de Itatí en toda la Diócesis.

Si bien todo parecía indicar que el Santuario nuevo de Itatí se construiría en breve, con carácter de Basílica Menor, una serie de infortunios fueron truncando el proyecto. Por empezar falleció inesperadamente el Arq. Vespiggnani, y si bien es cierto que estaba el proyecto para ser continuado por otro profesional, el traslado del Pbro. Dr. Cesar P. Zoni, Cura Párroco y Comisionado Municipal le quitaron el principal sostén a la obra. Al respecto, dice Gaspar Bonastre que la separación del curato de Itatí del dinámico Pbro. Dr. César Zoni, se debió “a una verdadera conspiración y a una hábil intriga, a la cual desgraciadamente prestó oídos el Obispo Niella...” (95), agregando luego que “el amor propio y terquedad del Obispo eran conocidos” (96) opinión compartida en los círculos notables de entonces donde se destacaba el personalismo y el autoritarismo de Monseñor Niella. Al respecto y en torno al mismo tema, el autocitado reitera que “la torpeza y capricho” del Obispo Niella impidieron que el Santuario Neo-Colonial proyectado por el Arq. Vespiggnani se concretara, sucumbiendo lamentablemente. (97) Pocos años después la ancianidad de Niella y sus impedimentos físicos cegaban definitivamente todo intento de continuación concluyéndose con el tema tras su fallecimiento.

Una característica misionera del Obispado Niella fue la insistencia que hacía en sus pláticas, en sus sermones, en sus pastorales y giras canónicas, sobre la comunión diaria, de acuerdo al Decreto de la Sagrada Congregación del Concilio del 20 de Diciembre de 1909. Insistía en la necesidad de la comunión frecuente y cotidiana en las casas de educación según el mismo Decreto. Las corrientes eucarísticas le preocupaban hondamente desde el inicio de su gestión, el establecimiento de las XL Horas en toda la Diócesis, el de las Horas Santas en un día de la semana, las que en la Catedral de Corrientes las presidía invariablemente todos los jueves del año, las procesiones con el Santísimo Sacramento al finalizar cada gira pastoral, las comuniones de niños y adultos en las parroquias, que controlaba personalmente a través de informes trimestrales que exigía a los párrocos por escrito. Asegura el Padre Brunel Pruyas: “El altar y el confesionario repetía ‘opportune e importune’ son mi programa, eminentemente religioso, el movimiento de obras sociales, será la obra de otro obispo”. (98)

No desatendía el confesionario, y en sus giras pastorales se dice que personalmente atendía al pueblo, hablándoles y aconsejándolos en las verdades de la Fe.

Ante un clero de huestes escuálidas, se propuso buscar sacerdotes en todas partes para su Diócesis, obteniendo entre otros auxilios el del Obispo español de Pamplona Monseñor Dr. Fr. José López Mendoza y García quien le envió unos cuantos sacerdotes jóvenes de reconocida garantía. La música sacra en la Iglesia según lo establecido por el Papa Pio X buscó imponerla a costa de dificultades innumerables. Estableció la Congregación de la Doctrina Cristiana, quitó el espacio que tenían los síndicos en las iglesias constituyendo las Comisiones Pro-Templo bajo la presidencia exclusiva de los párrocos a fin de concluir con los dimes y diretes que entorpecían las labores parroquiales.

Como hombre de la cultura se preocupó por la instalación y fortalecimiento de las escuelas parroquiales, con carácter gratuito y en competencia con las escuelas estatales que le había deparado en su momento, discusiones encontradas. En estas escuelas estableció también la enseñanza del catecismo de manera integral y a fines de 1927, en Corrientes entregó a los R.P. Salesianos con destino a un colegio de niños la casa-habitación con el terreno anexo, situado en la esquina de las calles Julio y San Juan en cumplimiento con la voluntad testamentaria de la matrona Da. Juana Francisca Cabral. Habida cuenta que la casa y dependencias debían adaptarse a sus nuevas funciones, el Obispo donó cinco mil pesos moneda nacional con lo que pudo refaccionarse el edificio. (99)
Sabido es que vieja Iglesia Matriz de Corrientes prestó servicios por trescientos años, hasta 1874 en un solar frente a la Plaza Mayor. Desde 1852 en que se comenzó a erigir la Iglesia de Ntra. Sra. del Rosario, convertida luego en Iglesia Matriz y finalmente en Catedral Metropolitana desde 1911, la antigua Iglesia Matriz cayó en desuso, fue clausurada y desocupada y demolida, erigiéndose en su sitio la Casa de Gobierno. Este templo, conservado en la memoria de Monseñor Niella desde sus tiempos de monaguillo, por alguna razón que desconocemos cedió paso a un edificio del Estado Provincial, derecho que el Obispo entendió que había sido avasallado. En consecuencia consultó al Dr. Joaquín M. Cullen sobre la posible correspondencia que tendría la Iglesia sobre el territorio de la antigua Matriz.

Los derechos eclesiásticos sobre este terreno habían sido salvados de la proscripción de ley, merced a antigua gestiones hechas por el tío del Obispo, Don Antonio Cabral y Colodrero, quien con sus propios recursos los llevó a cabo, según se dice “malquistándose aún con políticos de nota”. Pero esta labor de Cabral, continuada tenazmente por el Obispo Niella y apoyada por el Gobernador González logró el resultado que se buscaba. Por Acuerdo Nº 167 del 26 de Enero de 1928, el Gobierno del Dr. Benjamín Solano González reconoció al Obispo Niella como representante de la Iglesia una indemnización como precio del terreno en que se levantaba desde 1886 la Casa de Gobierno, dado que la Iglesia no había sido indemnizada por la ocupación de esta propiedad y ante el reclamo del Obispo “para salvar su conciencia de Prelado de la Diócesis, para evitar la pérdida de la propiedad, y que se opere la proscripción” por lo que el Estado en base a documentos y antecedentes, pero principalmente “que es un deber de todo gobernante dar justa solución a reclamos legítimos, deducidos, evitando ulteriores situaciones contenciosas, tanto mas en este caso, que el Obispo Diocesano ha deducido con celo y perseverante los justos derechos que incumben a la Iglesia”, razón por la por la cual el Estado reconoció una deuda e indemnización de ochenta y dos mil cuatrocientos cuarenta y dos pesos con veintiún centavos, moneda nacional por el precio del referido terreno con una superficie de tres mil quinientos ochenta y cuatro metros cuadrados con setecientos cuatro mil ochocientos cincuenta y ocho milímetros cuadrados. tras el reconocimiento y el pago de la deuda, se labró la escritura pública por la cual la Curia reconoció en favor del Gobierno de la Provincia la transferencia legal del terreno de la antigua Matriz. (100) Había triunfado el Obispado y la Diócesis de Corrientes obtuvo así justicia por sus derechos que se suponían perdidos.

En otra parte de esta biografía ya hemos hecho alusión a la radical oposición del Obispo Niella para con los cultos y superaciones. El P. Brunel Pruyas acota que “las fiestas, llamadas de Caridad, las Supersticiones Populares, los Bailes Infantiles”, se castigaban desde los escritos del Obispo, como lo hizo con el “culto infiel” a la “degolladita”, asegurando que “el Obispo Niella fue del mismo temperamento que el Cura Niella; ni mas ni menos fue siempre apostólico, de una sola pieza para el cumplimiento de su deber; mirando a Dios, no preguntaba si agradaba o no agradaba a las contemplaciones humanas”. Al respecto, Monseñor Salvador Echegaray decíale en Septiembre 21 de 1908, sobre unos escritos originales de Niella: “Mi opinión sobre tu escrito es favorable; claro está que no se trata de una obra literaria, si bien nada puede objetarse a tu estilo, apropiado para una obra didáctica y esmaltado de vez en cuando de ciertas bellezas de acción que hace mas grata la lectura. Yo creo que hará mucho bien en Corrientes, para donde ha sido escrito. Su lectura no fatiga mi causa en modo alguno, lo que no es poco en esta clase de escritor. Además es popular, comprensible, al alcance de todos los espíritus, porque se equilibra en ella la doctrina, que no es excesiva ni recargada en la espontaneidad y sencillez. Los diversos asuntos están bien tratados y el conjunto agrada y deja en el ánimo una impresión de justicia y moralidad, ante la cual el lector no puede menos de inclinarse. No sería para tí objeto de críticas o sátiras sociales?. No te importa? Pues, debes publicarlo sin temor, pues el fin es bueno y santo y Dios se complace con esas obras. Todo por El y para El” (101).

Antes ya se ha señalado que Monseñor Niella deseaba nutrir al clero diocesano, y su labor se inició buscando apoyo, pero en el transcurrir de los años, buscó formar un clero propio y a ello tendió la fundación del Seminario Menor de Itatí, iniciado en 1914 como una Escuela Apostólica de enseñanza preparatoria para el ingreso al primer año del Seminario e inaugurado como Seminario Menor en 1924.

La personalidad del Obispo Niella, imperativa, debía necesariamente ser condescendiente con la necesidad de construir una Diócesis desde los cimientos, basada en la tradición secular de la Iglesia en Corrientes, pero que sin embargo debía rectificar rumbos y erigirse sobre sus errores, conciente ahora de la jerarquía que le imponía la Cátedra del Obispo. En esto debe encontrarse también la actitud de Monseñor Niella sindicado como autoritario y personalista, errores naturales de su sangre que sin embargo se imponían ante la realidad de un ministerio que exigía actitudes que le deparó no pocas y áridas críticas.

Ya señalamos lo expresado por Gaspar Bonastre al respecto. El mismo autor dice que “su jurisdicción (la provincia de Corrientes y el entonces territorio nacional de Misiones) abarcaba ciento veinte mil kilómetros cuadrados, o sea mayor que la de muchos países europeos; el respeto, honores y acatamiento que se le rendía, ojalá lo tuviese hoy el Cardenal que gobierna la Iglesia argentina; con razón alguien que vivió en Europa muchos años me dijo de lo que es un Obispo en la Argentina”. (102)
El historiador Hernán Félix Gómez, que en cierta ocasión criticara severamente al Obispo, no dudó en escribir luego: “El Obispo doctor Niella es una de las grandes personalidades del clero argentino, en los últimos 50 años”.

“Fue un carácter robusto, un corazón afectivo, virtuoso y humilde, un alma eucarística, todo ello engrandecido por una profunda fe, una inteligencia clara y una imaginación vivaz. No se limitó a organizar la iglesia y a administrarla, puso en sus actos toda su alma, en base a la inteligencia y a la emoción del creyente. Por ello representa el mas serio ataque que las supersticiones y la idolatría de las masas populares recibieron. En este sentido su acción fue ardiente, llevada desde el púlpito, el periodismo y el libro”.

“Sus pastorales conservan el sello de su personalidad y sus virtudes; son páginas brillantes de la literatura eclesiástica del país”. (103)

“Era este un prelado atildado, (...) poseía un carácter sumamente difícil” -escribe el Dr. Fernando Díaz Ulloque- “alguien comentó alguna vez que su gran amistad con el Dr. Adolfo Contte (que además era abogado del Obispado, cargo con el que también fui yo honrado alguna vez), prevenía precisamente de los distintos caracteres de uno y de otro que se complementaban armoniosamente. A Don Adolfo le gustaba escuchar los juicios tajantes del titular de la Diócesis y al mismo tiempo parece que la serenidad del doctor Contte le resultaba necesaria al temperamental Obispo, que mas de una vez recurrió a su amigo para aplacar situaciones que provocaba en sí mismo su proceder un tanto conflictivo. Dicho esto con todo el respeto que me merece la memoria de Monseñor Niella, a quien tanto debe el catolicismo de Corrientes. Era virtuoso, inteligente, erudito, acertado, en la planificación de sus tareas, tesonero. Por otra parte sus sermones fueron célebres y bien podrían figurar como un modelo de Timón en su magistral “Libro de Oradores”. Sabía elevarse hasta la elocuencia con sus conceptos y palabras de bronce, y otras veces bajaba a los niveles mas modestos, habiendo efectuado muchísimas misiones durante las cuales predicaba en guaraní. Por otra parte gustaba frecuentar a las familias principales, lo cual era ciertas vivencias de su rebaño que, por el medio en que se producían eran importantes”
(...)

“Mucho se habló, ya lo dije, del carácter autoritario de Monseñor Niella. Cuando yo lo conocí, la ancianidad había dulcificado su rostro, su porte, su voz. De todas maneras nadie discutió jamás su autoridad moral, su patriotismo, su gran correntinidad, y lo positivo de su acción pastoral...”. (104)

Uno de los graves conflictos internos que soportó la gestión del Obispo Niella, fue el caso Mondanelli. Sucedió que el Padre Lorenzo Mondanelli, sacerdote impetuoso y de gran predicamento social, había adoptado algunas costumbre que el Obispo las tomó como excesivas para un sacerdote y se dispuso a corregirlas sin medir las consecuencias que le acarrearía esta decisión, de manera que si bien el Obispo se impuso finalmente, no fueron menores los disgustos que soportó, las críticas que debió sobrellevar y la conmoción que hizo estremecer a la misma Curia. (105)

El Dr. Gaspar Bonastre al respecto dice que “con motivo del traslado del director del Colegio Argentino de la Ciudad de Corrientes, Pbro. Lorenzo Mondanelli, sacerdote muy querido, el pueblo se levantó como mas encrespado; contra las autoridades eclesiásticas, que no iban por cierto dirigidas contra el Obispo Niella...”. (106) No obstante se situaron así, y el historiador Dr. Hernán Félix Gómez quien según se ha visto llegó a tener un altísimo concepto del Obispo, no dudó en enfrentarlo debidamente por el tema citado (107) e incluso, con una actitud mas atemperada escribió después: “Durante los últimos años del Obispado de Monseñor Niella por circunstancias a la que no fue ajena su ancianidad respetable, el radiante seno eclesiástico de Itatí declinó en tanto. Con el retiro de los RRPP Benedictinos se clausuró el Seminario Diocesano, y como estos no habían iniciados las obras de la basílica en su carácter de custodios del Santuario, hubo de proveerse a un administrador y párroco...”. (108) En efecto, las desaveniencias con los Monjes Benedictinos, parecían haber ido madurando lastimosamente y finalmente estos se retiraron del Santuario de Itatí en 1921, en medio de un sentimiento y malestar general que la población aunque sin decirlo, estimaba era responsabilidad primaria del Obispo Niella. (109)

De cualquier manera, y mas allá de los problemas que conmovieron su Obispado, Monseñor Niella que los tuvo y grandemente, desafiante, inteligente e imperativo supo sortearlos y valerse de sus medios e influencias para manejar el timón de la Curia. Al respecto, dice el Padre Brunel Pruyas: “Cuando las horas de las asonadas no se le ha visto, azorado, recurrir a los poderes Públicos ni inquirir los fundamentos para esgrimir la destreza de su pluma, ni taciturno, ni melancólico, sino ante el Santísimo Sacramento de rodillas, inmóvil, sereno, al parecer sin angustias. Salía de su Capilla privada sonriente, se sentaba en su mesa de trabajo a continuar su labor episcopal...” y agrega mas adelante: “La prensa con excepciones honrosas y el pueblo con omisión de Juan y las tres Marías, propalaban a todos los vientos en 1917 en fallo eclesiástico de primer grado, adverso al Obispo de Corrientes. Este estaba postrado ante Jesús Sacramentado; sus sacerdotes, un grupo muy reducido de caballeros y jóvenes, Doña Margarita M. de Marquez encabezando una agrupación de pocas damas lo esperaban, afligidos, por temer de la salud del Obispo condenado, del mal moral de su espíritu acongojado... Agradece sinceramente, conversa con la mayor naturalidad, se ríe afablemente, no hay malestar, no ha pasado nada; nada de apremios, nada de azoramientos, la vida ordinaria de trabajo es la de siempre. En plena guerra europea, sembrado el mar de dinamitas, el aire de flagímeros aeroplanos, dos sacerdotes están de viaje hacia Roma. No han podido llegar siquiera por la dificultad de tránsito en las fronteras, solo la valija de documentos pudo pisar la Ciudad Eterna. Y en el Acta Apostolicae Sedis del año 1920, pag. 162, puede leerse: “No se sostiene la sentencia del primer grado contra el Obispo de Corrientes: definitiva sentencia que en grado de apelación dictara la Comisión de Cardenales de la S. C. Consistorial encargada por el Santo Padre Benedicto XV...” Este proceso, el Obispo lo tradujo en una publicación titulada “Una acusación y un fallo”. Continua luego el P. Brunel Pruyas: “Ese mismo año 20 había producido en el mes de junio una campaña de hostilidad contra el Obispado, encendida por elementos heterogéneos, digo heterogéneo, porque entre ‘creer lo falso que es de hereje y creer la verdad y no vivir según esta, lo que es de mal católico’, solo se podría haber producido una antítesis inexplicable; resguardar a un sacerdote regular, interpretar subrepticiamente un Canon de Derecho Canónico llenar de flores una Iglesia, alzarse una batahola de la misma terraza, santificada hoy por el Colegio Salesiano; y atacar la Casa del Obispo Diocesano. El Jerarca de la Diócesis esperaba, impávido, ante el Señor Sacramentado el final de esta jornada”. (110)

Cuando en 1929 se celebraron las Bodas de Oro sacerdotales del Obispo, una exhaustiva nota en “El Mensajero de Ntra. Sra. de Itatí” a la que ya hicimos alusión, y que es posible que se debiera a la pluma del Padre Esteban Bajac, concluía: “Persecuciones. ¿Quién no las tuvo? y ¿quién rechaza el oro porque se lo tiró en el fango, y abomina de las rosas, porque el rosal tiene espinas?”.

“Callemos. Un día se dijo: ‘La nave zozobra; el piloto agoniza’. La nave surca las aguas; aún vive el anciano piloto”.

“Callemos. No es hora de hablar en las tormentas de la vida. Tras ella hablarán los tranquilos y azules cielos de la historia”. (111)

Pese a todos los inconvenientes la autoridad de Monseñor Niella era inquebrantable, y así el cincuentenario de su consagración episcopal unieron a Pueblo, Gobierno e Iglesia en toda Corrientes para conmemorar el acontecimiento. “Se le rindieron brillantes manifestaciones de aprecio” dice Gaspar Bonastre (112) oportunidad esta en que se colocó una placa de bronce ante el Camarín del Santuario de Ntra. Sra. de Itatí, descubierta bajo otra imponente, colocada con motivo de la construcción del mismo.
La fecha conmemorativa fue el 25 de marzo de 1929, pero ese año hubo coincidencia con los actos de la “Semana Mayor” de la Iglesia, razón por la cual no pudo el P.E. Provincial ofrecerle la recepción que había dispuesto en su hora para recordar las Bodas de Oro de su sacerdocio. En consecuencia, se dispuso postergarla para el 4 de junio en ocasión de cumplirse el decimoctavo aniversario de su consagración episcopal, fijándose que ese día a las 16 hs. en la Casa de Gobierno, el Obispo Niella sería homenajeado (113) sin embargo, Monseñor ese día se halló enfermo, razón por la que el Gobernador Benjamín S. González, que lo apreciaba sentidamente decidió suspender la recepción hasta que el Obispo se restableciese. (114)

El 27 de marzo de 1929, por Decreto Nº 726 del P.E. Provincial, fue credo la Escuela Consorcio Nº 58 a la que se le impuso el nombre de “Obispo Dr. Luis María Niella”, en colonia “Nueva Valencia” del Departamento Capital, en homenaje a las Bodas de Plata Sacerdotales del Prelado. Al acto presidido por el Gobernador González asistió Monseñor Niella estampando su firma en el acta labrada y fotografiada por Alberto Ingimbert. (115)

Eran los últimos años del Obispo Niella. Las enfermedades consumían su ancianidad. Veía poco, y aunque dulcificado por los años (como lo vio Díaz Ulloque) no perdía su temperamento, y habrá sentido una leve amargura cuando la Santa Sede decidió enviarle un Obispo Auxiliar.

Monseñor Pedro Dionicio Tibiletti, consagrado Obispo Titular de EUREA el 3 de Junio de 1929, pasó a ser Obispo Auxiliar de Corrientes. “Con todo Monseñor Niella -dice Díaz Ulloque- ya muy viejito y ciego salía a veces. Así, lo tengo presente, lo estoy viendo, cuando llevado del brazo por dos jóvenes sacerdotes, siguió a pié en un tres de mayo la procesión de la Santísima Cruz de los Milagros. Lo estoy viendo también cuando llegó Monseñor Tibiletti. Las autoridades civiles y militares y el pueblo recibieron al Obispo Auxiliar en el puerto. Monseñor Niella lo esperó en la Catedral. Cuando el joven prelado entró al templo, junto al repique de campanas que penetraban desde afuera, resonaron en las naves los compases augustos del ‘Ecce sacerdos magnus’. Y mientras avanzaba Monseñor Tibiletti, en sentido contrario desde el Altar Mayor, lentamente caminó a recibirlo Monseñor Niella. En la mitad de la nave central se encontraron y Monseñor Tibiletti se hincó y besó el anillo del anciano Obispo Titular”. (116)

Era la hora del examen y de las conclusiones. El Padre Eulogio Justel escribió como corolario de la acción de Monseñor Niella años después: “Su actuación en Corrientes ya como párroco ya como Obispo, sería inoficiosa recordarla desde que esta en la conciencia de todos los que de veras le conocíamos y acompañamos lo mismo en los días claros que en los con nubes, el celo demostrado en beneficio de la depuración de muchas equívocas prácticas (como la superstición) y que erróneamente se querían incorporar a la más saludable del dogma religioso. Pugnó a favor de la supresión de la romería a Francisco López; prohibió las fiestas carnavalescas de San Baltasar, como contrarias a nuestra cultura y a nuestras creencias; y estigmatizó los velorios y bailes públicos, vergonzosas diversiones que llevan a la juventud a la corrupción y al vicio, triunfando en la lucha empeñada, después de cruento batallar porque eran poderosos los factores que se resistían a abandonar plebeyas adoraciones, donde que estaban arraigadas profundamente”.
(...)

“Había otra virtud en él, y era la del desprendimiento y generosidad en pro de obras benéficas, invirtiendo con tal fin grandes cantidades como ser en la obra de la Catedral, 4.116 pesos, los del Santuario de la Cruz, 4.500; ampliación del Seminario de Itatí 10.033; camarín de la iglesia de Itatí, 39.000 a más de otras no despreciables cantidades invertidas en limosnas y obras de caridad”.

“Este fué el Obispo Niella. ¿Tendrá imitadores?. (117)
En su edición de enero de 1931, “El Mensajero de Ntra. Sra. de Itatí” saludando al anciano Obispo Titular decía: “Ya saben nuestros lectores todo lo que esta humilde revista debe al señor obispo diocesano... Estas hojas marianas son suyas, porque han nacido bajo su bendición, porque le deben el apoyo de su palabra i de sus jenerosas donaciones, porque se ha empeñado siempre en su propaganda i porque, lo que nunca podrá olvidar El Mensajero, ha sido en ocasión memorable su decidido defensor”. (118) Estaban llegando los homenajes públicos y de reconocimiento a su prelado cuya trayectoria y presencia significaba para Corrientes mucho mas que los años de episcopado que llevaba. Eran mas porque su labor, su compromiso, la defensa de sus ideales, su docencia, e incluso la terquedad de sus pasiones producían el reconocimiento un luchador incomparable en sus aciertos y aún en sus errores.

El Obispo Niella envejecía, y desde que se nombró auxiliar a Monseñor Tibiletti, reinaba en su Diócesis, no gobernaba por completo pero no se había retirado tampoco. No lo haría jamás. La dignidad de la que estaba investido y la plena conciencia de lo que esto significaba se lo impedían. Los años se sumaban y las fuerzas se extinguían, pero la personalidad del Obispo, amado y criticado, no obstante seguía inspirando devotas adhesiones que rayaban la admiración, y el pueblo de Corrientes seguía inspirando lealtades, reconocimientos y el profundo respeto aún de sus opositores que no desconocían en él a un caudillo.
Pocos meses antes que hicieran eclosión sus malos físicos “El Día”, anticipándose a las honras y al frío de la inmortalidad escribía: “El Obispo Diocesano de Corrientes Monseñor Ilustrísimo Luis María Niella, significa en nuestro medio un faro luminoso de fé y de devoción cuyas haces se irradian sobre la senda de la colectividad. Santo varón une al privilegio de su cerebro esclarecido las virtudes de una moral cristiana que promueve al respeto y profunda admiración”.

“Al consignar en esta edición especial una breve reseña biográfica de su augusta vida consagrada a la mayor gloria de Dios y de la Iglesia, no hacemos mas que exteriorizar públicamente el homenaje que a su personalidad está latente en el sentir de la sociedad correntina”. (119)


La muerte del Obispo

En agosto de 1933, Monseñor Niella comenzó a ser acosado por una pertinaz bronquitis que parecía degenerar en pulmonía. Se elevaron oraciones en toda la Diócesis por la salud del anciano Obispo Titular, mientras el Dr. Clemente Benítez, traía los auxilios de la ciencia, y como tantas otras veces el indómito prelado superó el percance.

De pronto una noticia estremeció a todos al saberse que repentinamente Monseñor Niella volvía a estar gravemente. “Sus reservas orgánicas comenzaron a disminuir, en forma mas o menos alarmante. Fluidos de sangre de relativa abundancia pintaron en su semblante una palidez sintomática. Examinado con esmero, la palpitación y percución hicieron localizar un tumor hepático”. (120) Los desvelos de los médicos, el reposo del paciente lo mejoraron suavemente aunque estacionándose la enfermedad sin evolucionar pero tampoco retrocediendo. Ante esta situación el Obispo Auxiliar Monseñor Pedro Dionicio Tibiletti partió para Monte Caseros, en tren para asistir a la primera concentración eucarística diocesana, y otra vez la noticia del repentino agravamiento de Monseñor Niella.

El Dr. Benítez, llamando a los sacerdotes familiares le sugirió que dieran cuenta del estado a Monseñor Tibiletti. Un despacho telegráfico urgente primero, y una comunicación telefónica pusieron al tanto al Vicario General del estado del paciente.

“El dolor comenzó a ensombrecer los rostros. Y una pena profunda iba cundiendo por todas las almas, sabiéndose que día tras día Mons. Niella el gran Obispo misionero, iba perdiendo fuerzas contra las que su médico hacía para curar el mal. No obstante el ánimo del distinguido paciente no decaía, sabiendo el avance de su enfermedad”. (121) Sin embargo volvió a restablecerse, haciendo suponer que el mal no recrudecería, aunque en verdad seguía su proceso normal. Los días pasaban, y a las 14 hs. de un día de mucho calor, Monseñor Niella sufrió un nuevo y severo ataque. Fue llamado con urgencia el médico de cabecera, el Obispo Auxiliar, el clero de la Catedral, los R.R. P.P. franciscanos de los Conventos de la Merced y San Francisco e incluso los padres salesianos. Todos concurrieron con premura al Palacio Episcopal, a las habitaciones privadas del Obispo Niella.

Mientras del Dr. Benítez hacia lo suyo, el auxiliar le administraba la Santa Unción y leía la recomendación del alma. Los sacerdotes y religiosos presentes aguardaban en silencio, un silencio solo quebrado por el murmullo de las oraciones. Monseñor Niella, entre tanto, estaba parcialmente conciente. El tiempo pasaba y parecía que volvía a restablecerse muy lentamente el enfermo, aunque era notorio que el Obispo estaba muy desgastado.

Las facultades mentales y el corazón, parecían resistirse a morir. Asombraba a todos la lucidez a la que regresaba Monseñor Niella y la fortaleza que volvía a resurgir, aunque su resignación y su silencio no eran menos. El Obispo no se quejaba de sus dolencias, y parecía padecerlas en su ley.

Un segundo ataque agotó visiblemente sus fuerzas que a diario disminuían. Durante este tiempo, el médico de cabecera reunió ocho veces en consulta a otros facultativos. Un mediodía, llamaron con urgencia en las puertas de la Catedral, y simultáneamente sonó el teléfono. La noticia otra vez asustaba: Monseñor Niella y se había agravado y parecía agonizar. Corrió el clero hasta el Palacio Episcopal. En efecto eran los últimos momentos de Monseñor Niella, comenzaba el estado comatoso, esta vez el Obispo había perdido el conocimiento. Tenía los ojos cerrados, aunque curiosamente volvía a abrirlos, de a ratos, miraba a los que rodeaban su lecho como despidiéndose de cada uno de ellos. Era una mirada vidriosa, apagada, “sin aquel fulgor que irradiaba cuando en los días de su ferviente y fecundo apostolado dirigía su palabra arrobadora a las multitudes”. (122)
El corazón comenzaba a palpitar con irregularidad. La respiración a oxígeno y una inyección de aceite alcanforado buscaron prolongar la vida que se consumía. Era la agonía.

Monseñor Tibiletti lo absolvió varias veces, rezándole la recomendación del alma, entrecortada, por jaculatorias que se le sugerían al oído para que el Obispo las repitiera con el corazón agonizante. El pulso se iba, la respiración se hacía lenta, entrecortada. El clero, que había acompañado a Monseñor Niella, y que asistía a estos momentos, en silencio, lloraba.
“El reloj de péndulo de su aposento marcaba las catorce y cincuenta y dos minutos, cuando el primer Obispo de Corrientes entregaba su preciosa alma en las manos de su Creador”. (123)

“¡Correntinos: Monseñor Niella ha muerto!”. Esta frase retumbó en toda la Provincia, en todos los rincones de la Diócesis. Desde el momento en que la noticia esperada saltó los muros del Palacio Pujol, doblaron las campanas de la Catedral, de la Iglesia del Convento de San Francisco, del Santuario de la Merced, del Santuario de la Cruz de los Milagros. Un solo tañido fúnebre de campanas rompió la quietud de la siesta del jueves 30 de Noviembre de 1933.

Enseguida, doblaron también las campanas del Santuario de Ntra. Sra. de Itatí (124) y todas las iglesias del interior de Corrientes y se prepararon los solemnes funerales.

La noticia llegó a las casas de Religiosos, Conventos y Comunidades. Horas después el Presidente del Cuerpo de Consultores telegrafió a las Autoridades Nacionales, Provinciales y al Episcopado de la República.
Un cable puso en conocimiento del Vaticano la muerte del Obispo de Corrientes. Mientras los Doctores José y Clemente Benítez preparaban el cadáver inyectándole una cantidad suficiente de formol por la arteria femoral, en el Palacio Episcopal se preparaba la capilla ardiente, a la que el Obispo Niella, revestido de pontifical y colocado en el cofre que serviría de ataúd, fue conducido.

Abriéronse entonces las puertas del Palacio Pujol, y una numerosa concurrencia desfiló ante la capilla ardiente durante toda la tarde del día 30 y hasta la mañana del viernes 1º de Diciembre.

Las comunidades de religiosos, sacerdotes y Consultores Diocesanos se turnaban en el rezo de los oficios hasta la hora de trasladar al Obispo muerto a la Catedral Metropolitana. A las diez de la mañana del 1º de Diciembre, salió el cortejo abandonando Monseñor Niella definitivamente el Palacio Pujol. El ataúd era transportado a pié por el clero y las órdenes religiosas. Avanzó el entierro en imponente marcha seguido por el pueblo, por las calles Córdoba hasta Junín, y esta a San Lorenzo y por Ayacucho (Yrigoyen desde 1946) hasta la Catedral. En el atrio, el Prof. Vicente Fidel López aguardaba con sus asistentes. Antes de ingresar al templo, en nombre de la Acción Católica Argentina pronunció un sentido elogio fúnebre tras lo cual, otra vez los sacerdotes, tomaron el ataúd y lo llevaron hasta el Altar Mayor, en el presbiterio.

Volvió a quedar expuesto el cadáver, el pueblo inundó la Catedral para desfilar ante su primer obispo y besar el anillo de su mano enguantada que sobresalía del ataúd. (125) Todo el día y la noche del viernes, los correntinos desfilaron ante el féretro de Monseñor Niella para la última despedida. (126)

El sábado 2 de diciembre de 1933, por la mañana fue dispuesto el funeral. Desde temprano las naves de la Catedral Metropolitana (por entonces magnífica e imponente aún, muy distinta de la imagen actual) estaba repleta de gente “una compacta concurrencia de pueblo de lo mas selecto de nuestra sociedad; sin distingos de clases pareciera que se hubiera dado cita para despedir los restos del ilustre prelado todo Corrientes”. (127)

Frente a la Catedral se encontraba desplegado el Cuerpo de Guardia Cárceles, unidad que rindió los honores de ordenanza al ilustre Prelado. En la nave central, frente al Altar Mayor, estaba el catafalco, con guardia de honor de soldados de Guardia Cárceles y Niños del Batallón 22 de Exploración de Don Bosco. El féretro estaba rodeado de coronas y flores naturales. Sentadas ante el ataúd mirando hacia la nave central estaban las autoridades, ocupando sitio preferencial el Gobernador, el Vice-Gobernador, sus Ministros de Gobierno y Hacienda, los Miembros del Superior Tribunal de Justicia, Jueces, el Intendente Municipal, el Presidente del Consejo superior de Educación, el Jefe de Policía, Jefes y Oficiales del Regimiento 9 de Infantería, altos funcionarios públicos, nacionales y provinciales, las Congregaciones Religiosas y la Prensa.

A las 10 AM dió inicio el solemne funeral presidido por el Obispo Auxiliar Monseñor Pedro Dionicio Tibiletti ayudado por mas de veinte sacerdotes que representaban al clero de toda la provincia.

Terminada la solemne misa de pontifical a toda orquesta dirigida por el Prof. Sacheri, ocupó la tribuna sagrada el Pbro. Dr. Estaban Bajac a cuyo cargo estaba la oración fúnebre. “Non recedet memoria ejus, et nomen ejus requiretur a generatione in generationem (Eccl XXIX 13)” (128) comenzó expresando el ilustrado sacerdote.

Antes de sellarse el ataúd, quitósele al Obispo la mitra y el báculo, y acomodánseles las manos cubriéndola con la mortaja. Después tras la última despedida y el llanto incontenible del pueblo, se selló la tapa de plomo y enseguida la tapa de madera quedando el cofre cerrado totalmente, momentos en que el clero, tomando el ataúd lo condujo ante el Altar de Ntra. Sra. de Itatí, en la capilla lateral del crucero derecho, donde en 1909 Monseñor Niella había hecho levantar ese retablo en honor a la Virgen y a cuyos pies había pedido ser sepultado. Allí ya estaba abierta la fosa, en el piso, lugar que se había delimitado un nicho, hasta donde fue bajado el ataúd. El incienso inundaba el recinto, las campanas doblaban, rompiendo las murmuraciones de los rezos, sonaba el órgano y las lágrimas seguían corriendo en los rostros apesadumbrados.

Antes de sellarse la tumba el Pbro. Dr. Francisco Zoni, habló en nombre del Clero de la Capital, y el Pbro. Raúl González, por los curas de los departamentos. Después la fosa fue tapada y los restos de Monseñor Niella quedaban para siempre en esa Catedral, Panteón Provincial de los Hijos Ilustres de la Provincia.

En todo el interior se oficiaron solemnes funerales, montándose las capillas ardientes en las Iglesias. En el mismo Itatí el antiguo Santuario de Alegre y Obieta fue envuelto en crespones levantándose ante el Retablo Mayor un imponente tumulto funerario.

El P.E.N. con fecha 1º de diciembre dictó el Decreto de Honores Fúnebres con la firma del Presidente Gral. Agustín P. Justo y del Ministro de Relaciones Exteriores y Culto Dr. Carlos Saavedra Lámas, haciéndose representar en las exequias por el Gobernador Pedro Numa Soto, enviando copia del Decreto a Monseñor Tibiletti. Hizo lo propio el Gobierno de la Provincia con el Decreto Nº 1082/33 adhiriéndose al duelo, estableciendo la bandera a media asta por tres días en todo edificio público de la Provincia, declarando feriado el 2 de diciembre, día del sepelio, asistiendo el Gobernador con todo su Gabinete a la capilla ardiente y a los funerales, invitando a los empleados públicos a adherirse con su presencia, remitiendo una corona de flores naturales con la leyenda: “El Gobierno de Corrientes a su primer Obispo Diocesano”, y enviando nota de pésame.
El Poder Legislativo Provincial también se unió al duelo asistiendo al sepelio en corporación y por moción del Vice-Presidente del Senado Dr. Pedro Díaz Colodrero, pusieronse los legisladores de pies, en silencio en homenaje a Monseñor Niella.

El Superior Tribunal de Justicia de la Provincia se sumó también al homenaje, y la Municipalidad de la Capital con el Decreto Nº 630/33 por el cual se adhirió al homenaje invitando a los comerciantes de la ciudad para que entornen las puertas en señal de duelo el sábado 2 de diciembre.

Como la sepultura del Obispo en la Catedral requería una autorización especial, el Intendente Municipal E. A. Lujambio Torrent por Decreto Nº 631/33 contestando al requerimiento de Monseñor Tibiletti respondía el 1º de diciembre de 1933 que “como corresponde a su alta dignidad gerárquica (...) el Departamento Ejecutivo ha acordado los permisos solicitados” para el velatorio “en razón de que se ha procedido al embalsamiento del cadáver” y en cuanto a la inhumación en la Catedral, “el señor Asesor Letrado Municipal, (...) dictamina que, tratándose de un caso especial y existiendo precedentes de que otras comunas han autorizado la inhumación en templos, como el del Obispo de Santa Fé Monseñor Boneo” se permitía el entierro en la Catedral estableciéndose que la Dirección de Asistencia Pública “aconsejará las medidas necesarias que deberán adoptarse, para que la sepultura reúna las condiciones de seguridad e higiene que el caso requiere” quedando a cargo de la Oficina de Obras Públicas el control de “la ejecución del trabajo (para que) se realice en un todo de acuerdo con las indicaciones del Señor Director de la Asistencia Pública”. (129)

Las notas de pésame y telegramas se contaron por cientos. Llegaron de todo el país, de todos los organismos públicos y religiosos, del Episcopado Argentino de todo el interior de la Provincia, y en algunos casos varias del mismo pueblo o ciudad estado así representadas las asociaciones religiosas y civiles. El Padre Francisco Bersanino, Cura Vicario del Santuario Histórico de Ntra. Sra. de Itatí telegrafiaba: “... Se han dispuesto los redobles y mañana todos los sacerdotes de este santuario celebrarán la santa misa por su eterno descanso”. (130)

El Senador Juan Ramón Vidal, lamentándose escribiría: “... deja (Niella) tan alto ejemplo de virtud cristiana”. (131) El historiador Manuel Vicente Figuerero, desde Buenos Aires, decía: “Profundamente apenados ante gran desgracia aflige episcopado argentino con desaparición varón ilustre doctor Niella, modelo virtudes cristianas, cultura literaria y destacado patriotismo,
znos asociamos de corazón duelo público de Corrientes...”. (132)

Los medios hicieron otro tanto ante la noticia del fallecimiento del Obispo Niella dedicando extensas necrológicas “La Nación”, “La Prensa”, “El Pueblo” de Buenos Aires, “Nueva Epoca”, “El Día”, “El Liberal” de Corrientes, “El Adalid” de Goya, los Boletines Eclesiásticos de las Diócesis de Catamarca, Tucumán, Santa Fe, Paraná, Buenos Aires y Córdoba, “Acción Parroquial”, “El Heraldo de la Cruz de los Milagros” de Corrientes, “El Mensajero de Ntra. Sra. de Itatí”, de Itatí, “Pro-Familia” de Posadas, “La Verdad” de Rosario, “La Voz de San Martín” de la Cruz, “La Lectura Popular” de Rosario, “Guadalupe” de Santa Fe, “Campanita” de Esquina, “Ilustración Católica Argentina” de Buenos Aires. Estas notas incluían hasta el hartazgo las noticias biográficas, laudatorias del Obispo muerto.

Tras el fallecimiento del Obispo, y procedida la elección del Cabildo Eclesiástico de la Diócesis, el 2 de diciembre de 1933, el mismo día del sepelio de Monseñor Niella, asumió su gobierno en carácter de Vicario Capitular en sede vacante, el Pbro. Dr. Francisco Sereno Zoni (133) quien designó a la Escuela Parroquial de Itatí con el nombre de “Obispo Luis María Niella”. (134)

Enseguida de fallecido el Obispo Niella, se constituyó la Comisión “Pro-Lápida” presidida por Da. Eloisa Torrent de Vidal. Era un grupo de damas notables dispuestas a dotar a la tumba del Primer Obispo de Corrientes de un mármol con epitafio, digno de su investidura.

El 13 de abril de 1934, por Decreto Nº 1297, el Gobierno del Dr. Pedro Numa Soto, y respondiendo a la nota que esta Comisión elevara al P.E. solicitando la adhesión y contribución para los gastos de la lápida de la tumba del Obispo, se destinaron cien pesos moneda nacional como contribución que el Gobierno hacía en memoria del prelado. (135)

Así la tumba de Monseñor Luis María Niella a los pies del Altar de Ntra. Sra. de Itatí, en la Catedral Metropolitana, fue cubierta con un mármol negro con los datos del ilustre primer Obispo de Corrientes. (136)

Las lamentables obras encaradas en la Catedral de Corrientes a fines de los años setenta, que no por necesarias en cuanto a la consolidación estructural del templo, fueron mas que desatinadas, a parte de provocar la destrucción del primer templo de la Provincia, afectaron la tumba del Obispo Niella (137) que debió ser removida generando una protesta pública contestada enseguida por el Cura Rector de la Catedral Pbro. Rafael Santajuliana. (138)

Los despojos del Primer Obispo fueron colocados en una urna de madera, y luego cambiados a una urna de mármol blanco con una placa de bronce, depositándoselos en el Panteón de los Próceres que se construyó en el solar del antiguo Bautisterio de la Catedral, rompiéndose con la voluntad de Monseñor Niella, de dormir eternamente a los pies del Altar de Ntra. Sra. de Itatí.

El lugar asignado era dignísimo Monseñor Niella. Ocupaba un sitio junto a Ferré, los Madariaga, el Canónigo Rolón, el Gdor. Martínez pero no era el sitio exacto de su última voluntad.

Tras la muerte de Monseñor Francisco Vicentín, Segundo Obispo y Primer Arzobispo, se construyó en la nave izquierda su tumba, y en la nave derecha, otra igual donde fue depositada la urna cineraria del Obispo Niella, no respetándose por segunda vez su voluntad de descansar a los pies de la Virgen.

Tal vez alguna vez se subsane este equívoco. Como corolario de la biografía de Monseñor Dr. Luis María Niella, Primer Obispo de Corrientes y Misiones, y a quien Corrientes debe un monumento a su memoria, traemos al presente la última estrofa de una pieza literaria que el Padre Bajac publicó con motivo de su muerte:

“Descansad, apóstol,
en brazos de tu Dios, que amaste tanto;
que vivas ya la vida del encanto
en los eternos días refulgentes,
y ante su amor no olvides a Corrientes”. (139)

Solo la figura del Arzobispo Vicentín, puede igualarse en magnitud y consideración pública a la del Obispo Niella, sin embargo, Monseñor Vicentín no alcanzó la veneración que tuvo Niella, las pasiones que despertara su personalidad y su genio que permanece habiendo sido el único correntino que hasta la fecha ocupara la Cátedra Sagrada de su suelo nativo. (Fuente Lic. Fernando González Azcoaga – director del Museo Histórico de Corrientes)

(*) Del libro del Licenciado Fernando González Azcoaga

Obispo Luis María Niella.

Ordenación del Obispo Luis María Niella.

Iglesia Catedral, año 1855.

Iglesia Catedral, año 1910.

Iglesia Catedral, año 2010.


Diseño web: Eduardo Seoane Riera | Biografo Producciones & FX | e-mail: gerencia@biografotv.com.ar | Corrientes, Argentina | 2009