Corrientes y la historia nacional


Batalla de San Lorenzo

Pasada la medianoche del 2 de febrero de 1813, los granaderos de San Martín penetran en el predio rural de los franciscanos y, con el despuntar del día, llegan al convento, cuyos patios ocupan. A nadie encuentran porque los religiosos se han marchado dos días atrás ante la amenaza de nuevos desembarcos. Y éstos no son mera posibilidad: tras el realizado el 30 de enero en San Pedro, hubo un segundo el 2 de febrero en San Nicolás.

San Martín cuenta con 120 granaderos y los 50 milicianos de Escalada. Sabe que el capitán Antonio Zabala tiene el doble de efectivos, pero, como dice a Robertson, duda de que a los montevideanos les toque la mejor parte.

Las tropas de San Martín se ocultan en el patio de convento, en silencio, sin encender fuegos. Se preparaban para librar, al día siguiente, el célebre combate de San Lorenzo. Desde la torre del convento, el coronel San Martín vigilaba las señales de luces de las naves enemigas.

Cuando al otro día despuntó el alba, las lanchas de la expedición realista toca tierra y subieron al barranco en dos columnas dispuestos al combate. San Martín dividió a los granaderos también en dos columnas que, cuando sonó el clarín, cargaron desde cada lado del convento.

El miércoles 3 de febrero de 1813 fue el bautismo de fuego de San Martín y la única lucha que libró el libertador en suelo argentino. San Martín contaba con 35 años y comenzaba a volcar sobre suelo americano toda la pasión por una causa que lo inmortalizó en el corazón de los argentinos.

Los españoles sabían que la Revolución de Mayo de 1810 era la antesala de nuestra independencia. El problema estaba en Montevideo, que nunca le dio importancia a Buenos Aires y siguió considerándose centro de resistencia española. Desde ahí, a partir de 1810, los realistras trataban de ver cómo recuperar su reinado en nuestro país y, los argentinos, a su vez, asediaban la hoy capital uruguaya para ponerla bajo control de Buenos Aires.

Montevideo estaba sitiado por el ejército de José Rondeau, de modo que los españoles tenían que hacer uso del mar para abastecerse.

Frecuentemente una escuadrilla realista salía de Montevideo en dirección al Paraná, y sus hombres merodeaban las costas robando los ganados.

Una expedición compuesta de once embarcaciones, que había salido de Montevideo con el propósito indicado, fue seguida paralelamente por tierra por el coronel de Granaderos a caballo José de San Martín, al frente de 125 hombres de su regimiento.

Las fuerzas de San Martín se adelantaron, deteniéndose cerca de la posta de San Lorenzo, situada 26 kilómetros al norte del Rosario. En tal lugar existe el convento de San Carlos, en donde encerró San Martín a sus granaderos, de modo que la escuadrilla española no pudo observarlos, cuando los españoles desembarcaron.

El terreno que separaba al monasterio del río era una planicie de 300 metros de largo sin obstáculos, perfecta para una carga de caballería.

En la costa una alta barrancas se elevaba desde el río desde el cual se accedía por medio de dos sendas, una frente al convento, llamada Bajada de los Padres, la cual era muy angosta, y ubicada al norte se hallaba la Bajada del Puerto donde la barranca era más baja y la pendiente menor, lo que hacía factible el avance de infantería.

San Martín ordena a su tropa a formar pie en tierra detrás del convento para ocultarse de la vista del enemigo y posiciona a los hombres de Escalada dentro del convento para cubrir la acción.

Bajó del campanario y ordenó montar a la tropa, tomando el mando del segundo escuadrón mientras que el primero estaría al mando del capitán Bermúdez a quien ordenó salir por el lado sur del convento y cargar sobre el flanco izquierdo del enemigo a la vez que el saldría por el extremo norte cargando al enemigo de frente.

Encontrándose con Bermúdez en el centro de las columnas enemigas impartiría las órdenes. Los escuadrones salieron al trote por ambos lados del edificio formando en línea de dos filas, la primera cargando con lanza y la segunda con sable.

Las tropas españolas al mando del capitán Antonio Zabala se encontraban con sus 250 infantes a 300 metros del convento cuando lo sorprendió la visión de los granaderos emergiendo por el lado norte del convento. Apenas tuvo tiempo de ordenar que las cabezas de columnas de replegaran sobre las mitades de retaguardia cuando el toque de carga de los trompas del regimiento de granaderos atravesó el aire y el trepitar de los cascos de los caballos inundó el terreno. A la orden de "fuego" la primera descarga de fusilería y el disparo de los dos cañones abrió claros en la primera línea que atacaba.

El Coronel San Martín encabezaba la carga cuando a pocos metros antes del choque, una segunda descarga realista impactó en la primera línea del escuadrón de San Martín la cual alcanzó a su Caballo y lo derribó quedando atrapada su pierna bajo el peso del cuerpo del animal muerto. Algunos hombres realistas llegan hasta el coronel caído e intentan darle muerte, es cuando el sargento Juan Bautista Cabral es herido de muerte, pero a costo de su propia vida salvó la de San Martín.

El primer escuadrón comandado por Bermúdez chocó contra el flanco enemigo unos instantes después de que lo hiciera el otro escuadrón ya que este tuvo que recorrer una distancia mayor, y la columna izquierda del enemigo no pudiendo resistirlo retrocedió con cierto desorden.

Zabala herido en el muslo por un lanzazo, buscó proteger un flanco con las barrancas, ordenó a su fuerza retroceder en esa dirección dejando abandonados los cañones y ordenó formar cuadro.

Bustamente al llegar al punto de encuentro ordenado por su superior encuentra a este herido por lo que toma el mando de la fuerza. Al ver retroceder a los realistas reagrupó a la tropa y ordenó otra carga la que se desarrollo al instante chocando sobre ellos antes de que pudieran terminar la maniobras de formar cuadro. Al ver la nueva carga, los buques españoles dispararon su artillería para cubrir a sus hombres. Bermúdez es alcanzado por un impacto en la pierna lo que lo pone fuera de combate mientras guiaba a sus hombres al choque.

La carga siguió su curso aunque sus comandantes estaban fuera de combate e impactó el mal formado cuadro español con tanta fuerza y vigor que estos se lanzaron en fuga en total desorden.

Los granaderos continuaron su persecución hasta el borde de la barranca por lo que algunos españoles, no pudiendo llegar a la Bajada, saltaron al río desde lo alto de las barrancas para poner a salvo su vida. En esta persecución cae prisionero el teniente Manuel Díaz Vélez al desbarrancarse su Caballo.

El combate se extendió por quince minutos, pero en los primeros tres San Martín había decidido la suerte de la jornada al aprovechar a la perfección las ventajas que Zabala le ofreció avanzando en columnas sobre una planicie sin obstáculos. San Martín solo tuvo que calcular el momento justo para lanzar su movimiento para no darle tiempo de reacción a su enemigo.

La victoria ya estaba yaciendo en los sables y lanzas de sus granaderos que habían sido templadas en las largas jornadas de entrenamiento.

Esta batalla fue la única que libro San Martín en territorio patrio

El sargento Cabral se interpone ante los realistas para salvar a su jefe


Los realistas se vieron sorprendidos por los Granaderos de San Martín

La batalla de San Lorenzo se definió en solo 15 minutos



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