Corrientes y la historia nacional


Batalla de Venta y Media

Luego de las derrotas sufridas por Manuel Belgrano en Vilpapugio y Ayohúma, hacia fines de 1813, el mando del Ejército del Norte fue transferido a José de San Martín, el cual renuncia a dicho cargo unos meses después, argumentando razones de salud.

En su reemplazo fue enviado el general José Rondeau, quien comenzó los preparativos para la tercera expedición al Alto Perú, lo cual motivó la oposición de Martín Miguel de Güemes, quien pretendía llevar a cabo una guerra puramente defensiva, según las directivas de San Martín.

Rondeau nombra entonces al coronel Martín Rodríguez en reemplazo de Güemes, y le ordena ingresar en el territorio altoperuano. Sin embargo Rodríguez es derrotado y tomado prisionero en El Tejar, siendo reemplazado por el general Francisco Fernández de la Cruz; Rodríguez sería luego liberado por los realistas.

Fernández de la Cruz comisiona la caballería de vanguardia a Güemes, quien derrota completamente a la avanzada realista en batalla de Puesto del Marqués, pero Rondeau niega los méritos de la victoria a Güemes, hecho que motiva la ruptura entre ambos, quedando nuevamente Rodríguez al mando de la vanguardia.

En octubre una fuerza realista que se estimaba en 300 hombres se había establecido a 20 km al norte de la vanguardia patriota, ubicada en Chayanta. Rondeau autorizó a Martín Rodríguez a efectuar un ataque sorpresa sobre la posición enemiga para lo que destacó 350 infantes y 200 jinetes.

Según los partes del capitán de avanzada Gregorio Aráoz de La Madrid, la fuerza enemiga de Venta y Media no pasaba de trescientos hombres, información que confirmó el coronel Diego Balcarce tras un breve reconocimiento. En consecuencia, Martín Rodríguez, como jefe de la vanguardia patriota propuso a Rondeau llevarle un ataque, al que fue autorizado con la prevención de no arriesgar nada si la fuerza del enemigo excedía de la cifra calculada.

La división patriota con que Rodríguez se dispuso para la sorpresa se integró con trescientos cincuenta hombres del batallón de cazadores, al mando del mayor Rudecindo Alvarado, y doscientos del regimiento de Dragones, a las órdenes del mayor José María Paz, porque su jefe, el coronel Balcarce, los esperaba en la avanzada junto a Lamadrid, quien se incorporó con su compañía.

El general García Camba, en su crónica de esta guerra, dice que la columna al mando de Olañeta se componía de dos batallones: el de partidarios y el de cazadores, además, de un escuadrón.

Rodríguez se puso en marcha en la madrugada del 19 de octubre y al anochecer llego al lugar ocupado por la avanzada, a cuatro o cinco leguas de Venta y Media.

El 21 de octubre de 1815 general Martín Rodríguez avanzó sobre el enemigo. El General Paz describió en sus Memorias las indecisiones de Rodríguez en aquel instante, no atreviéndose a atacar hasta que, en medio de la inmovilidad y perplejidad del general, se oyó un tiroteo a corta distancia; provenía del ataque que Lamadrid, que se hallaba muy avanzado con su compañía, había llevado sobre la unica avanzada que tenía el enemigo. Ochenta o cien hombres de la guardia fueron acuchillados, salvándose pocos de sus integrantes, entre ellos el alférez José María Valdez quien pudo dar cuenta al cuerpo de vanguardia de lo que ocurría.

Se dio orden de combate pero dentro de un desorden tal que Paz, viendo al coronel Balcarce, no pudo menos que decirle: "Coronel, la Patria reclama que usted tome el mando, ¡Hágalo, que todos le obedeceremos!" Balcarce, movido por un sentimiento de desesperación, contestó "¿Dónde está el general?, que si me da providencias yo las tomaré".

Alcanzó Rodríguez a oír estas voces y pudo Balcarce informarle del desorden que reinaba en las líneas por informaciones contradictorias. Entre tanto, prevenido Olañeta pudo organizar sus fuerzas y recibir a los patriotas que llegaban desordenadamente, de tal manera que la derrota fue completa, viéndose obligados a retrogradar hasta dar en un verdadero desbande, en algunos casos sin haber disparado un tiro.

Si el encuentro no termino en desastre fue porque Olañeta no tenía caballería para perseguir a sus enemigos que dejaron en el campo como cien muertos y otros tantos prisioneros, casi todos de las fuerzas de de infantería, con más de 300 fusiles salvando apenas la caballería.

En este desgraciado suceso el mayor José María Paz fue herido, quedando manco para toda la vida lo que hizo que hasta su muerte fuera llamado "el Manco Paz", mientras que el brigadier Martín Rodríguez perdió para siempre toda reputación militar.

Esta derrota contribuyó a disminuir la ya alicaída moral del Ejército del Norte, concluyendo la tercera expedición en el desastre de la Batalla de Sipe-Sipe.

Martín Rodríguez estaba al mando de los tropas patrióticas

El general José Rondeau estaba al mando del Ejército del Norte tras la renuncia de San Martín

Las tropas del Gral. Martín Rodríguez son derrotadas por los realistas.

José María Paz fue herido en su brazo, el que quedó unitilizado de por vida



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