Corrientes y la historia nacional


Juan Bautista Cabral

El combate -que no durará más de quince minutos y quedará decidido en los primeros tres- pone en riesgo la vida del Jefe criollo y traerá la muerte para varios de sus subordinados. Así, al ser recibida con un nutrido fuego la columna que encabezaba San Martín, su caballo, herido por aquél, lo derriba en tierra y le oprime una pierna al caer.
 
Un arma blanca hace una leve herida en su rostro, y un invasor se apresta a rematarlo con su bayoneta. Con un certero lanzazo salva la situación el puntano Baigorria en tanto que el correntino Juan Bautista Cabral echa pie a tierra y, con tanta fuerza como serenidad, libera a su coronel del peso que lo sujeta, para caer a su vez por obra de dos heridas mortales.
Bermúdez será gravemente herido por un disparo hecho desde las naves al mandar en jefe -por tener San Martín un brazo dislocado a raíz de su caída- una segunda carga. Y el teniente Manuel Díaz Vélez, tras desbarrancarse, recibirá tres heridas -una de bala en el cráneo y dos bayonetazos en el pecho- y quedará prisionero.

Al inmediato deceso de Cabral -quien, según la tradición murió exclamando "¡Muero contento, hemos batido al enemigo!"- , se agregarán días después, en el convento, las de Bermúdez y de algunos soldados.
Aquél, herido y quebrado en una pierna, falleció el 14 de febrero, mientras convalecía. Con el tiempo, circuló la versión de que, desesperado por no haber podido impedir la retirada de los invasores, se quitó el torniquete que sujetaba el muñón y dejóse morir.

Díaz Vélez no logró recuperarse de sus heridas y murió el 20 de mayo.
Agreguemos que varios granaderos quedaron inútiles para el servicio y recibieron cédulas de invalidez.

San Martín se ocupará de todos y, así, pedirá el 27 de febrero amparo para las familias de Bermúdez y Cabral, haciendo otro tanto el 22 de mayo en favor de la de Díaz Vélez.

La jornada costará a los vencedores quince muertos, veintisiete heridos y un prisionero. Este, el ya nombrado Díaz Vélez, será canjeado al día siguiente junto con tres lancheros paraguayos capturados por los corsarios antes del combate (los tres liberados se incorporarán como voluntarios al Regimiento. Uno de ellos, Félix Bogado, el 13 de febrero de 1826 volverá a Buenos Aires, con el grado de coronel, al frente del resto de los granaderos que regresan en esqueleto al cuartel de origen tras contribuir decisivamente a la libertad de América.

Como trofeos quedan dos cañones, cincuenta fusiles, cuatro bayonetas y una bandera, tomada por el teniente Hipólito Bouchard.

Los atacantes dejarán en el campo cuarenta muertos y tendrán trece heridos, entre ellos Zabala, su jefe. Este torna a desembarcar en la mañana del 4 para parlamentar. Solicita carne fresca para atender a los heridos, que se le concederá en cantidad de media res y participa de un desayuno criollo.

El 5, los montevideanos cambian el rumbo y se marchan río abajo. En este día, pasadas las 12, la noticia del éxito llegará a Buenos Aires, donde se la celebra con una salva de artillería y repique de campanas. El 6, San Martín redacta un segundo parte, mucho más circunstanciado, y comunica que, aunque considera que el enemigo no podrá repetir sus invasiones, destaca una vanguardia para que los vigile, en tanto que el resto de sus tropas emprenderá el regreso. No lo hará sin antes visitar a los heridos y despedirse de los conventuales, metropolitanos todos, a los que manifiesta afecto y agradecimiento.

Juan Bautista Cabral tenía 17 años. San Martín escribió el parte del combate bajo la sombra de un añoso pino y regresó en triunfo a Buenos Aires.


Juan Bautista Cabral muere heróicamente al interponerse entre la balloneta de un soldado realista que iba destinada al Gral. San Martín.
Monumento a Juan Bautista Cabral ubicado en la plaza del mismo nombre de la ciudad de Corrientes. Posteriormente esa plaza fue remodelada en varias oportunidades.


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